Corta historia de una mujer caminando sola

No todas las aceras son las más seguras, ni mucho menos las más próximas. Lo cierto es que el recorrido en soledad, ya sea de ida o vuelta, no es lo más cercano a sencillo. Angustia, incomodidad, miedo, pasos más grandes y pensamientos más incorrectos. Todo ello, y más, se presenta en la mente de una mujer que se ve obligada a volver sola, tanto de noche como de día.

¿Y sí el hombre que está viniendo a lo lejos no viene con las mejores intenciones? SOLO POR PRECAUCIÓN, debería cruzar la calle, no mirarle, y bajarme la música de los cascos por si hace algún movimiento brusco para poder percatarme con antelación. A ojos de una persona a la que nunca se le ha presentado una situación así, puede llegar a resultar una exageración, pero no voy a mentir que en más de una ocasión, me he visto en la situación de actuar de una forma tan triste como lo es esta.

No debería haberse puesto una falda tan corta, o quizá debería haberse puesto un sujetador. Debería haber pedido a sus amigos que la acompañaran, o por si a caso tendrá el móvil y las llaves en mano siempre. Avisará cuando llegue a casa porque sino la preocupación reinará en su entorno y sobretodo, no se olvidará de enviarle un mensaje de vez en cuando a sus padres para saber que está bien. Ellos la llamarán en caso de que vaya sola para que, en cierto modo, vaya acompañada. Porque cuanto más sola, más vulnerable.

Sin embargo, seguramente en más de una ocasión tendrá que toparse con situaciones más desagradables. Quizá, con el corazón atascado en la garganta, tratará de acelerar el paso para ignorar los comentarios que un grupo de hombres le están haciendo a lo lejos, y en el fondo, solo desea que permanezcan como tal, comentarios, porque como decidan seguirla, se verá obligada a llamar a alguno de sus familiares o amigos y preocuparlos. No obstante, en todo momento, trata de permanecer callada sin soltar ni un solo sonido porque sabe que será peor si pide que cesen aquellos SUPUESTOS “piropos” o silbidos. Suena a locura, ¿verdad? Lo es.

Y esta no es la peor situación que se puede relatar, pero no me veo en la postura de hacerlo. Acontecimientos más oscuros y terribles han surgido, y no hay que olvidarlo. Porque un día al año no basta para luchar contra la imposibilidad de respirar con tranquilidad. Porque una mujer ansía la misma y exacta libertad que otros, ni más, ni menos, y no veo mayor complicación en ello. Una mujer ansía que no se vea obligada a tomar decisiones que muchos otros no se verían en la posición de tomar. Ansía no vivir con el miedo de que la acosen, maten o violen. Y no sabéis la tristeza que supone desear algo así.