Destruir el mechero no apaga el fuego

La justicia griega ha declarado a Amanecer Dorado organización criminal, no por su discurso de odio, ni siquiera por su praxis fascista al completo, sino por sus actos abiertamente criminales. El antifascismo griego, y a todas luces, europeo y mundial celebra una victoria, que aunque es verdaderamente importante, no deja de ser marginal.

La justicia griega ha declarado a Amanecer Dorado organización criminal, no por su discurso de odio, ni siquiera por su praxis fascista al completo, sino por sus actos abiertamente criminales. Condenando a treinta y nueve personas, incluyendo su cúpula al completo. El antifascismo griego, y a todas luces, europeo y mundial celebra una victoria, que aunque es verdaderamente importante, no deja de ser marginal. Sin embargo, las redes se han llenado de personas celebrando un presunto antes y después una ola de esperanza en una tormenta de malas noticias que quizás. Sin embargo, hay que tener en cuenta que lo que ha determinado la justicia griega es que un partido puede ser abiertamente fascista y graznar a diestro y siniestro su discurso de odio siempre y cuando no materialice este discurso de odio.

 

Amanecer Dorado llegó a ser la tercera fuerza política en Grecia, alcanzó los veintiún escaños y llegó a concentrar el siete por ciento de los votos, tres décadas después de su creación y en medio de la mayor crisis económica de la historia reciente del país. Y en aquel entonces siguió portandose como el grupúsculo nazi que siempre había sido, dando palizas y organizando intentos de asesinato a inmigrantes y activistas de izquierda. Sin embargo vivimos en tiempos en los que la política cambia rápido, el partido está casi desaparecido y esta sentencia llega como la puñalada final a un cadáver en descomposición, sin asientos en el parlamento y sin perspectivas de levantar cabeza. Un cadáver que vivió lo suficiente para sembrar sus ideas. Unas ideas que se contagian y reproducen como un virus.

 

Lo que inocentemente se celebra como una victoria del antifascimo no es más que un pequeño acto de justicia que reconoce que el asesinato del rapero Pavlos Fyssas no fue un acto individual sino un crimen coordinado desde la organización política. La sentencia a Amanecer Dorado no es una victoria del antifascismo, es un sistema político trazando una tímida línea roja, un sistema que recuerda que un partido puede promover el odio pero no debe coordinar la violencia generada por este odio.

 

La sentencia es una buena noticia, y por ello puede ser celebrada. Pero no se puede dejar que una victoria menor haga sonar las campanas de victoria. Festejemos la justicia otorgada a la madre de Pavlos, que celebraba la sentencia con los miles de manifestantes que salieron a las calles de Atenas. Pero sin olvidar que las ideas de Amanecer Dorado siguen fuera: en sus votantes, en sus miembros y en los partidos que han cogido el relevo de la descompuesta formación.

 

Fuerzas de ultra derecha, tanto en Grecia como por toda Europa, han cogido el testigo y han aprendido la lección del grupo nazi que se convitió en partido sin saber dejar de ser un grupo de cabezas rapadas. Cuando el discurso cala en la sociedad, la necesidad de organizar palizas y matanzas desde arriba desaparece gradualmente. Los incendios en campos de refugiados y campamentos de temporeros, a todas luces, no son eventos organizados desde partidos políticos sino el resultado de la eclosión del constante discurso de odio en prime time. Y estos incendios del odio, como tantos otros, no se apagarán si solo destruimos el mechero.