Pandemia de bulos: ¿por qué nos creemos las noticias falsas?

Se acercan las Navidades en plena pandemia, no solo de virus, sino también de bulos. Antes de compartir mensajes virales, debemos verificarlos.

Vivimos en la era de la sobreinformación. Cada día fluyen millones de contenidos que se desplazan a gran velocidad por el universo digital, bombardeándonos de noticias y estímulos por todas partes.

Las redes sociales se han convertido en el nuevo Ágora ateniense, donde todo el mundo se congrega, habla y opina. En estos espacios de difusión, los bulos se entremezclan con las noticias. Así, la realidad y la ficción fluyen y confluyen, siguiendo la máxima del libre albedrío.

Como usuarios, coexistimos en redes de convergencia mediática. En ellas, nuevos medios digitales promueven una cultura participativa de las audiencias. De esta forma, los espectadores hemos dejado de ser meros receptores pasivos de las historias, para convertirnos en sujetos activos con capacidad de reaccionar a la información. Pero no solo eso, las audiencias incluso tenemos el poder de crear contenidos. Esto es a lo que se denomina inteligencia colectiva y cuya mayor forma de expresión es la Wikipedia.

En la Wikipedia, la verdad y la mentira se fusionan en un torrente que no entiende de jerarquías, en un ideario que podríamos decir se atiene a los pilares de la filosofía postmoderna. Así, encontramos en el universo digital, la esencia de los postmodernos que, como Paul Feyerabent, defendían que “todo vale”, colocando lo real y lo irreal al mismo nivel.

En esta ebullición de flujos de información descontrolados, aparecen las fake news, siendo el caldo de cultivo en el que se erige el contraconocimiento. El contraconocimiento es definido por Carlos Elías, Catedrático de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid, como «toda aquella información errónea, presentada de modo que parece basada en hechos» .

Así, las fake news aparecen como noticias verosímiles (que no por ello verdaderas), con un alto potencial de difusión y que van pasando entre individuos hasta que se hacen virales. Además, estas informaciones siempre tienen un objetivo detrás, ya sea económico, político o ideológico. “Los fakes no son contenidos inocentes”, recalca Jesús Espinosa, periodista de Newtral.

Pero ¿por qué la gente cree este tipo de noticias? Pues bien, por el llamado sesgo de confirmación. Los seres humanos tendemos a confiar en todo aquello que reafirma nuestras creencias y que confirma lo que pensamos. Por tanto, nos parecen más verosímiles aquellas informaciones que se sujetan a nuestras ideas.

Sin embargo, resulta curioso analizar cómo quienes se consideran que están más atentos a la manipulación de los medios de comunicación, son más proclives a interactuar con fuentes falsas. Esto es lo que se denomina la paradoja del conspiranoico, donde los usuarios, por desconfiar de ciertas fuentes, se atienen a testimonios falsos e irreflexivos. Este es el caso de los terraplanistas o los negacionistas de la Covid-19.

Como vemos, son muchos los sesgos que hacen a las personas caer en las fake news. Pero ¿quiénes son el sesgo del sesgo? Los periodistas. El periodismo tiene el rol de desenmascarar la mentira, de llevar a la ciudadanía de la mano de la verdad a través de la verificación de datos, lo que se conoce como factchecking. En este sentido, los factcheckers se sujetan a los pilares del método científico, basándose en la observación y la experimentación, en el contraste y la confirmación de hipótesis (en nuestro caso, de datos y noticias).

El rol de los periodistas es el de ser “los limpiacristales de la sociedad”, como diría el profesor Elías. “Solo a través del periodismo se puede garantizar una sociedad libre, siendo esencial para desmentir la desinformación y atenerse a los hechos” señala.

Se acercan las Navidades en plena pandemia, no solo virus, sino también de bulos. Aunque los periodistas se encargan de desmentir y verificar noticias, es labor de toda la ciudadanía el cuestionarse las informaciones que le llegan. Debemos preguntarnos por la autoría de los mensajes virales, así como su veracidad antes de compartirlos. Seamos conscientes de que, como dice Jesús Espinosa, “todos podemos luchar contra la desinformación” y debemos tener claro que “sin verificar, no compartas”.