¿Por qué funciona tan mal la Universidad pública española?

En los últimos tiempos, se ha planteado en numerosas ocasiones el debate sobre la reforma que precisa la Universidad española -y especialmente los centros públicos, dado que constituyen la mayoría del sistema de educación superior- para ganar calidad y prestigio en sus titulaciones. La Universidad española padece una fuerte crisis de imagen, prestigio y proyección internacional que tiene su origen en varias causas las cuales me propongo analizar a continuación, y no es la financiación de las mismas el mayor problema para ellas.

En primer lugar, la Universidad presenta un problema no resuelto con la gestión y promoción interna de su personal, los profesores de Universidad. La estructura actual, basada en una dualidad entre personal funcionario (Catedráticos y Titulares) y personal en régimen laboral (Contratados Doctores, Ayudantes y otras categorías similares) ha fomentado la creación de una precariedad laboral salvaje para los jóvenes profesores universitarios. Esto hace de la profesión de profesor de Universidad, algo muy poco atractivo, y cualquier joven bien preparado con mejores perspectivas profesionales en el ámbito privado o en otros puestos del Estado descartaría quedarse en la Universidad. Uno de los primeros pasos a abordar sería la reforma íntegra de las categorías laborales en la Universidad, proponiendo un régimen laboral distinto al actual estatus funcionarial que garantizase una oferta de empleo mucho menos precaria.

Por si esto fuera poco, la promoción interna en la Universidad resulta ser una completa abominación. El ascenso entre categorías está basado en una suerte de meritocracia que lo único que fomenta es la más burda mediocridad. Los tribunales de oposición que examinan a los candidatos ponderan en sus baremos mayoritariamente la investigación de los profesores. Una investigación que en la mayor parte de la Universidad resulta completamente estéril, prescindible y un derroche de dinero público con cargo a los impuestos de todos los españoles. La investigación universitaria ha resultado ser -en un porcentaje mayoritario- una carrera de artículos para ver quién es capaz de publicar más literatura en los journals de investigadores. Claro que nadie se ha parado a pensar si esa investigación aporta algún tipo de valor añadido o progreso al país. Además, en los últimos años hemos asistido a una vuelta de tuerca de esta situación tras la creación de la ANECA y sus famosas acreditaciones; otro gran error, y ya van unos cuantos, de la etapa Zapatero. Para aquellos que desconozcan qué es la ANECA, les diré brevemente que es una Agencia creada por el Gobierno central cuya función es emitir las acreditaciones, es decir, unas licencias que les permiten a los profesores presentarse a las oposiciones para poder promocionar. Estas acreditaciones se conceden valorando por parte de la ANECA el currículum, trayectoria, investigación y méritos del candidato, pero en la práctica han demostrado ser concedidas en muchas ocasiones bajo criterios arbitrarios y muy opacos.

En relación con lo anterior, la investigación es otro de los grandes problemas de la Universidad. La incapacidad de las mismas -salvo en campos muy concretos- por establecer líneas de investigación que creen progreso y avances útiles para la sociedad es la situación más habitual. Ya ni tan siquiera resulta necesario comentar la poca colaboración que hay en estas áreas con empresas privadas para las cuales la Universidad pública podría ser su “gran departamento de I+D”. Sin duda, una convergencia hacia un modelo más similar al Norteamericano, donde son empresas y financiadores privados interesados en desarrollar ideas los que aportan grandes cantidades de fondos para proyectos útiles para el mundo, y no la “vaca lechera” del Estado, haría mucho bien a la Universidad pública española.

Y, por último, otro de los grandes males ha sido el “Gobierno” de las Universidades españolas, lo que está íntimamente ligado con la politización de las mismas. En las últimas legislaturas, y especialmente a raíz de la transferencia a los Gobiernos Autonómicos de las competencias en Universidad, muchos Rectorados han sido promovidos por los partidos políticos dominantes en cada región con el fin de tener bien controladas las Universidades Públicas. Véase, en este sentido, el caso de las universidades andaluzas, o el caso de la Universidad de Zaragoza en Aragón, donde sus rectorados han sido y siguen siendo “meras marionetas” de los Gobiernos autonómicos del PSOE. El ejemplo más claro es cómo algunos de sus Rectores han desempeñado puestos políticos en esos Gobiernos autonómicos antes o después de haber ocupado este cargo. Sin embargo, en el caso contrario, también hemos visto ejemplos en el que el grado de politización de las Universidades públicas, encabezadas por Rectorados de un color político distinto al Gobierno de su Comunidad, han estado más preocupadas de ser el “ariete” contra su Consejería de Educación, que de llevar a cabo una buena gestión de su Universidad. El ejemplo más claro es el caso de la Universidad Complutense, donde el claro tinte “podemita” que desde hace años ha infectado a la institución ha llevado a los rectorados de Carrillo y Andradas a colocar a la Complutense de Madrid en una situación lamentable.

Se podrían señalar otros problemas y causas, como el exceso de burocracia y personal administrativo en nuestras Universidades, o la pésima adaptación a Bolonia que se ha realizado en los centros españoles, pero en cualquier caso, los problemas desarrollados en este artículo seguirían estando ahí, y parecen estar adquiriendo un carácter crónico en el espacio público de educación superior. Y es que nadie debería olvidar que sin unas buenas Universidades, el futuro de nuestro país quedará condicionado por muchos años.

Graduado en Derecho y ADE por la Universidad de Zaragoza, ha cursado el Máster en European & International Business Management en la Universidad de Deusto. Actualmente trabaja como Auditor en la firma Deloitte y coordina el espacio de Radio Zaragoza-Cadena SER “Tertulia de Jóvenes” (#jóvenesenlaSER)

  1. Interesante artículo!! Yo desconozco los problemas de la Universidad. Sois vosotros, que lo habéis vivido, los que sabéis todo aquello que os afecta y perjudica. Lo que creo es que debe ser un poco difícil cambiar todo esto, con tanta burocracia y política s la que haces referencia. Pero es bueno que lo expongais y que os manifesteis. Los cambios necesitan un comienzo, y éste, puede ser un inicio.
    Suerte!!!

  2. Querido Javier, nos conocemos porque fuiste mi alumno; yo siempre -y ya llevo años- he disfrutado con mi trabajo y eso lo transmitía a mis alumnos : todos en el mismo barco. Para mi la Universidad es algo más que transmitir conocimientos, es formar personas para disfrutar con su profesión. Desde hace unos años -con Bolonia, la ANECA- los profesores estamos atados por la burocracia -informes de todo, publicaciones inútiles para que te acrediten….un suplicio-. He luchado por romper la inercia desde algún cargo – Coordinadora de Grado- pero es chocar con muros de granito: políticos y sindicatos. Lo he vuelto a intentar con las altas autoridades de la Universidad hace escasas semanas. Y nada. La alegría que me queda es ver a mis antiguos alumnos sobresaliendo y dando la cara por la Universidad.. ADELANTE, EL MUNDO DEL FUTURO LOS FORJÁIS LOS JÓVENES PREPARADOS. Rita

    1. Querida Rita,
      qué razón que tienes. Efectivamente, la situación es la que comentas, y lo triste es que aunque estéis gente que intentéis romper el modelo, la inercia del sistema al final pueda con todos los esfuerzos por hacer algo distinto.
      La solución no parece sencilla, pero desde luego no hay que quedarse callado (lo que muchos, por comodidad, terminan haciendo). Muchas gracias por tus palabras, y efectivamente, los jóvenes tenemos la obligación moral de intentar mejorar el mundo que recibimos.

      Un abrazo
      Javier

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