Jubilados Wars: el retorno de las manifas

› Cuando parecía que ya nadie se manifestaba -fuera de Cataluña-, los jubilados nos están dando una lección

Llevamos un lustro plagado de reivindicaciones y ahora que parecía que los humos comenzaban a disiparse, el gobierno encuentra un nuevo enemigo: los yayos. Hasta ahora, los jubilados solo se reunían en masa para actualizar la cartilla, pero la cosa ha cambiado y nos están dando una lección a los más jóvenes. Esta nueva ola de protestas es un síntoma de las recetas que se han aplicado contra la crisis y que no van a provocar sino contra-reacciones que nos pueden llevar a sitios muy oscuros.

En 2008, con la crisis todavía gateando, a los líderes europeos se les llenó la boca de bonitas palabras que prometían poner fin a la era de las finanzas descontroladas y el capitalismo feroz. Tres años después, en 2011, muchos españoles nos empezamos a hartar y respondimos con el 15M. Diez años después, con los datos macroeconómicos saneados, estamos empezando a darnos cuenta de lo que hemos perdido y de lo que estamos por perder. Porque puede que nadie se acuerde ya de la prima de riesgo, pero muchos siguen sin poder llegar a final de mes. Resulta que los jubilados se han dado cuenta de que sus pensiones ya no dan para más, y es que los 800€ con lo que antes vivían ahora tienen que llegar también ayudar a los hijos y pagar las subidas de la luz y el gas. Y resulta también que la única solución que se propone desde las élites es que ahorren y que se lamenten por no haber abierto antes un plan de pensiones privado. Resultado: yayos enfadados -con razón-.

› Para el PP, perder el voto de los jubilados sería mucha pérdida

El PP ha tratado de no mostrarse nervioso, pero Rajoy no deja de escuchar una voz en su cabeza que le recuerda que los que ahora gritan contra el gobierno en un año tienen que ir a votar. Y para el PP, perder el voto de los jubilados sería mucha pérdida. Y es que la solución al problema no es sencilla, y el PP lo sabe. Esto no se arregla con promesas o inaugurando dos centros para mayores antes de las autonómicas: los yayos llevan mucho tiempo en el olvido y ya no pican. Han tenido que soportar y aguantar a familias enteras estirando su pensión durante los peores años, y ahora quieren poder vivir sin mirar preocupados el saldo de sus manidas cartillas.

Es cierto que es muy fácil hacer demagogia con este asunto, pero la oposición ha de tratar de alejarse de la promesa fácil o en un futuro pagarán las consecuencias (otra vez). El dinero en España no sobra, es cierto. Pero el Gobierno no puede ocultar que se trata de una cuestión de prioridades. Mientras Rajoy descarta subir las pensiones se ha comprometido a aumentar el sueldo a policías y guardias civiles y a aumentar el gasto militar. Es decir, vamos hacia un modelo de país que invierte mucho en defensa en vez de rescatar a la base social del mismo. Welcome to the american way of life.

La izquierda tiene que estar atenta y ha de saber transformar ese malestar en votos sin mentir. Y es que el futuro para el socialismo parece oscuro, dado que ha ha perdido ya demasiadas oportunidades. Ni siquiera ha sabido aprovechar una crisis creada por el descontrol financiero para frenar al neoliberalismo. La izquierda europea ha traicionado a sus bases y ha dejado que las soluciones a la crisis las hayan dictado desde la patronal: se ha precarizado el mercado laboral, se ha extendido el fenómeno de los falsos autónomos y las prácticas, se han devaluado salarios y pensiones y se ha recortado en sanidad y educación. Si ni con estos argumentos la izquierda consigue convencer a aquellos que dice proteger, dos son las salidas posibles: el triunfo de la nueva derecha alternativa populista (el neofascismo, vamos) o la imposición de las doctrinas ultraliberales por parte del mercado.

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