Visibilizar, sí. De cualquier manera, no

Los colectivos oprimidos reclamamos ser visibles, que se nos dé visibilidad en medios y en todos los ámbitos. Son, al fin y al cabo, unas reivindicaciones legítimas. Sin embargo, es el momento de preguntarse: a la hora de visibilizar, ¿vale todo? 

Los colectivos oprimidos reclamamos ser visibles, que se nos dé visibilidad en medios y en todos los ámbitos. Son, al fin y al cabo, unas reivindicaciones legítimas. Sin embargo, es el momento de preguntarse: a la hora de visibilizar, ¿vale todo? 

No, no vale todo. Una mala representación puede ser incluso más dañina que la no representación. Lo que vemos en los medios es lo que creemos que es cierto. Especialmente con colectivos oprimidos, al tener poca visibilización, esa poca visibilización debe hacerse con cautela.

Hablemos de visibilización LGTB. ¿Qué tópicos se perpetúan?

Las personas LGTB son representadas por medio de personajes cuya trama va en torno a que son LGTB. Hay excepciones pero, normalmente, parece ser que lo único que podemos hacer en nuestra vida es ser LGTB. Lo único interesante sobre nuestras vidas es ser LGTB. Está muy bien visibilizar que un personaje sea LGTB, por supuesto. Pero, de verdad, podéis hacer un personaje más allá de eso, podéis hacer un personaje que no sea plano y sea LGTB. Os lo prometo.

Pasemos a otro asunto. La vida de las personas LGTB en la ficción es un drama, un auténtico drama. Que sí, que las estadísticas del colectivo no son una maravilla y, como todas las personas, tenemos dramas en nuestra vida. La sociedad no ayuda, cierto. Pero vamos, si todas las historias LGTB del mercado nos ponen como dramas andantes, tenemos un problema. ¿Dónde ha quedado hacer historias optimistas? ¿Personajes que tengan aspectos positivos?

Una cosa es que haya drama, en toda historia algo de drama hay. Otra cosa es que los personajes LGTB los hagáis como el drama personalizado.

Además, los personajes LGTB suelen interpretarse por personas que no son LGTB. En el caso de las personas trans, refuerza la idea de que “estamos disfrazadas” y que “realmente no somos” quienes afirmamos ser. Sin olvidar que representar a un colectivo sin contar con su voz y con su experiencia es dejar de lado la vivencia que buscamos representar.

En lugar de lanzarnos a la piscina y crear contenido que visibilice a determinados colectivos sin consultar y contar con los mismos, deberíamos aprender a: escuchar, aprender y dar el papel a quien realmente lo tiene.

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