Obsolescencia programada: nuestros dispositivos tienen fecha de caducidad

¿Por qué se estropean aparatos casi nuevos? ¿Has oído hablar de la obsolescencia programada? La respuesta a estas preguntas, en este artículo

Móviles que se estropean antes de lo previsto. Lavadoras que duran 5 años cuando la anterior que teníamos duró 20. Ordenadores que inesperadamente comienzan a dar fallos cuando son prácticamente recién adquiridos…

Seguro que alguna vez has odio a alguien de tu familia decir:

“Cada día que pasa hacen todo para que se rompa antes y así te dejes la pasta en otro aparato nuevo. Cuando yo era joven cualquier cosa que comprabas duraba años y funcionaba perfectamente, ahora no.”

Existe un término para definir estas situaciones: la obsolescencia programada. Consiste en programar o determinar la vida útil de un producto de forma que el fabricante calcula, durante la fase del diseño de este, el tiempo que va a tardar en quedarse obsoleto o simplemente dejar de funcionar.

Esta inutilidad del producto puede deberse a motivos variados, pero algunos de los más comunes son faltas de repuestos de piezas, o en el caso de que un aparato electrónico deje de ser funcional puede estar motivado por la falta de soporte para su software.

En este último asunto existe un ejemplo claro: en ocasiones las tablets o los móviles no reciben la última actualización de su sistema operativo, lo que provoca que aplicaciones que empleamos en nuestro día a día, como el sistema instantáneo de mensajería WhatsApp o la del correo electrónico, dejen de ser compatibles con nuestro dispositivo, y aunque nos encontremos con un objeto prácticamente nuevo, nos vemos obligados a renovarlo para poder continuar con los servicios que estas nos ofrecen. Si bien es cierto, que en muchas ocasiones estas actualizaciones requieren de más potencia que igual nuestro terminal no puede proporcionar si no consta de las características necesarias para su correcto funcionamiento al instalar la nueva versión del sistema operativo, pero en el caso de que sea capaz de tener un rendimiento óptimo, siempre debería de actualizarse.

Entonces, ¿por qué las empresas practican la obsolescencia programada si su interés principal debería ser un producto fiable y duradero? La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: el lucro económico. Estas ven cada una de las ventas que hacen transformadas en beneficios, es decir, en dinero, por lo tanto, cuantos más productos vendan más dinero consiguen y por lo tanto obtienen más ganancias. Sin embargo, si fabrican un producto competente, este durará más años provocando que sus ventas disminuyan, ya que los consumidores no necesitan suplir objetos que aún les funcionan de forma correcta.

«Lavadoras que duran 5 años cuando la anterior que teníamos duró 20.»

Esto no solo ha provocado un malestar entre los consumidores que se ven obligados a cambiar sus dispositivos, sino también entre los activistas y organizaciones que luchan por la conservación del medioambiente, puesto que esta práctica repercute de forma directa en este con la generación de un mayor número de residuos y la contaminación que conllevan, puesto que los materiales empleados para su fabricación no son biodegradables y están formados por productos químicos y altamente tóxicos. Además, también se debe tener en cuenta que sus procesos de producción también provocan un gran impacto medioambiental.

Existen casos extremos de obsolescencia programada en los cuales al producto en cuestión se le llega a introducir durante el proceso de fabricación un dispositivo que limita su vida útil después de cierto número de utilizaciones de este.

Aún así no solo los aparatos electrónicos sufren este problema. Otros productos como, la ropa o los alimentos también se ven afectados por la obsolescencia. En sus respectivos casos, la ropa se vería aquejada por lo que se denomina obsolescencia estética, a la que se conoce comúnmente como “pasarse de moda”, mientras que los alimentos lo estarían por su caducidad, acortando su fecha o la de consumo preferente, aunque sean perfectamente aptos para el consumo sin riesgo para la salud.

También se llevan a cabo otros tipos de obsolescencia como pueden ser la funcional por defecto, por la cual el mecanismo deja de funcionar al fallar un solo componente; psicológica, que emplea estrategias de mercado para hacer entender a los consumidores que sus productos ya están anticuados; por notificación, aplicada habitualmente en las impresoras que inutilizan los cartuchos de tinta con una alerta previa; y finalmente, la ecológica, que promueve la renovación de productos en perfecto estado por otros con el pretexto de que los últimos son menos agresivos para el medioambiente y que esta ligado al greenwashing que llevan a cabo algunas empresas.

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