Madres y madrastras

Cenicienta (1950).

En «Las madres no» (Tránsito, 2019), Katixa Agirre reflexiona sobre la dificultad de ser madre y escritora al mismo tiempo.

 

Por todos es sabido que las madrastras son las malas de los cuentos, nunca las madres. Somos capaces de imaginar las intenciones malvadas de una madrastra, e incluso recurrimos a ellas a la hora de buscar villanas en la ficción, pero parece que a las madres les tenemos demasiado respeto como para ponerlas de malas. A fin de cuentas, ¿qué clase de madre les haría daño a sus hijos? La figura de la madrastra no deja de ser la cara oscura de la madre, la madre que no supo ser tal. En definitiva, la mala madre.

Las malas madres no caben en la tradicional y misógina división en dos de las mujeres: las que no son madres, son putas. Así de sencillo. De esta manera, paradójicamente, asociamos las madres a lo virginal, por la connotación virtuosa que tiene. Porque las madres, evidentemente, tienen que ser virtuosas y buenas. No pueden ser malas. Y, por supuesto, no pueden ser otra cosa que madres. En el momento en el que una mujer tiene hijos, todo lo que la definía hasta el momento se difumina hasta desaparecer.

Yo quería hijos (¿quería hijos?) de un modo abstracto y general. Me decía a mí misma que aún tenía un margen de cuatro o cinco años para materializar esa abstracción. Aquel, en cualquier caso, no era el momento.

En Las madres no (Tránsito, 2019), Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981) explora algunos aspectos oscuros sobre la maternidad que hoy en día continúan siendo tabús. La autora escribió la obra originalmente en euskera, bajo el título Amek ez dute (Elkar, 2018), y ha sido ella misma quien se ha encargado de su traducción al español.

La narradora, una escritora que acaba de dar a luz a su primer hijo, investiga a lo largo de esta novela sobre un caso de infanticidio que la obsesiona desde el momento en el que conoce lo ocurrido. Así, en Las madres no están imbricadas dos historias, la de nuestra protagonista, que se documenta para escribir su segunda novela, y la de Alice/Jade Espanet, una madre que —presuntamente— ha asesinado a sus dos hijos, mellizos de apenas diez meses. Lo que parece al principio una historia ajena para la narradora, poco a poco va adquiriendo mayor cercanía y matices, pues, a partir del caso de los mellizos, va descubriendo partes de sí misma en Jade.

Pero, en realidad, ¿quién puede matar a un niño? Nadie. Y como nadie puede, cuando un niño es asesinado, todos somos potenciales sospechosos.

La protagonista de esta novela pide una excedencia en el trabajo, no para cuidar a su bebé recién nacido, Erik, como todos creen —a excepción de su marido—, sino para descubrir cómo pudo Alice llegar a matar a sus hijos. Es consciente de las grandes expectativas que hay puestas sobre ella como madre, y se siente observada y juzgada constantemente por su decisión. En lugar de pasar tiempo con Erik, lo deja en la guardería para escribir en esas horas. Las madres no es, en gran medida, una reflexión sobre cómo criar y crear al mismo tiempo. Uno de los capítulos de la obra comienza con una cita de Susan Suleiman que dice: «Las madres no escriben, están escritas». Es precisamente este el conflicto al que se enfrenta nuestra protagonista.

Revolotea sobre ella la falsa idea de que las madres no pueden ser creadoras o viceversa. Rescata los nombres y las historias de varias escritoras que fueron también madres y que no tuvieron un final demasiado esperanzador, como en el caso de Sylvia Plath. Pero, a pesar de la dificultad y el conflicto que supone, en Las madres no se reivindica claramente el derecho a ser madre y muchas otras cosas más: escritora, amiga, esposa, hija, mujer, persona.

Decidí quedarme a trabajar con el portátil en las cafeterías de los alrededores de la guardería, para ahorrarme el trayecto de ida y vuelta a casa. […]. En esos días yo escribía, cuerpo y alma trabajando por un objetivo común, con el mismo entusiasmo de los viejos tiempos. Construía a Alice al mismo tiempo que me reconstruía a mí misma.

El estilo de Katixa Agirre, si bien tiene algunos momentos poéticos, es, por lo general, bastante aséptico. Se hace más personal e íntimo cuando la narradora habla sobre sí misma, y se neutraliza cuando narra los frutos de la documentación para su novela. Incluso tiende hacia lo ensayístico en algunos capítulos de la segunda y última parte, sin nunca perder de vista el conflicto de la protagonista, en el que justamente se profundiza en esas ocasiones. Las madres no es una novela atravesada por incógnitas y muchas preguntas sin respuesta que ayudan a mantener una tensión creciente que culmina con un final, aunque parcialmente esperado, muy original. Se trata de una obra dinámica, con una escritura fluida y agradable, que es difícil parar de leer una vez que se empieza.

 

Título: Las madres no
Autora: Katixa Agirre
Traductora: Katixa Agirre
Editorial: Tránsito
Fecha de publicación: octubre de 2019
Páginas: 208
Precio: 17,95 €

ISBN: 978-84-949095-5-9

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