El precio de la victoria

Tras años de rumores, Rusia se enfrenta a cuatro años de sanción en el deporte, en los que no se verá del país ni la bandera.

Rusia lleva desde 2014 en el candelero debido a sus sospechas de dopaje. Si el ministerio de Deportes ruso no alerta al Tribunal Arbitral Antidopaje de su desacuerdo con la decisión de la Agencia Mundial Antidopaje, ningún deportista ruso podrá participar en una competición internacional bajo la bandera o el himno ruso. Aun así, no todos los deportistas podrán competir bajo la bandera neutra. Solo los deportistas que no hayan sido condenados por dopaje o hayan sido investigados podrán participar en las próximas competiciones.

Durante los próximos cuatro años, no se celebrarán en Rusia mundiales de cualquier deporte. Y ninguno de sus altos dirigentes podrá formar parte de una de organización de deporte mundial. Toda una revolución para el cuadriculado deporte ruso, que es un orgullo para sus habitantes.

Sin embargo, esto no les ha cogido por sorpresa, según El País, 2014, la atleta rusa Yuliya Stepanova denunció con posesión de pruebas, algunos casos de atletas que daban positivo en dopaje, pero que nunca eran sancionados. Las autoridades rusas los tapaban y ocultaban aún sabiendo las consecuencias que esto podría tener. Esto acabó en una sanción en el atletismo ruso, que aun no ha sido levantada.

Detrás del dopaje

Las consecuencias de cometer este delito van más allá de la legalidad. Si un deportista es sancionado y su caso se hace mediático, esa fama le perseguirá para siempre, defraudará a sus seguidores y alimentará a sus detractores . El deporte se forma de valores, y el dopaje los rompe por completo. Además de perjudicar a los propios deportistas, esta práctica no deja de deteriorar su salud, física, por meter en sus cuerpos sustancias que muchas veces pueden ser perjudiciales, y mental, por conseguir resultados que saben que de otra manera no podrían. Por eso, que se haya sancionado a uno de los países en el panorama deportivo, es algo muy considerable.