Nos acercamos a fechas navideñas y como cada fin de año, es hora de hacer balance. En el cierre de este ejercicio, he querido poner el foco en un fenómeno que hace varios años que está transformando nuestro país y que no está siendo lo suficientemente analizado. Bienvenidos a Madrid, S.A.

En las pasadas elecciones generales de noviembre, durante el recuento de votos en mi colegio electoral comentaba el escenario que se planteaba con otro compañero que era apoderado por Vox –yo, como sabrán, era apoderado por el PSOE- quien me comentaba jocosamente que vaya circo se preparaba en el Congreso ante tan grande dispersión de fuerzas minoritarias, regionalistas y nacionalistas. En mi interior, yo pensaba: solo es la otra cara de tu moneda. Como bien analizaba Pedro Vallín hace unos días, en los últimos años hemos asistido a un fenómeno de fuerte centralización económica en España. En este mismo momento, no hay decisión financiera, empresa grande o mediana, o futuro económico cuyos designios no pasen por la Castellana.

A la par que asistíamos, desde mediados de los noventa, a un importante grado de descentralización política que ha dotado a las Comunidades Autónomas de una fuerte capacidad de gestión y dirección sobre sus territorios, paralelamente hemos comprobado la adquisición progresiva y continuada en el tiempo de más y más poder económico en la capital del Estado. En una época en la que la Economía ha fagocitado por completo a los poderes políticos, esto sólo podía tener un único desenlace.

Las consecuencias de esta situación son claras: en primer lugar, la inmigración por parte de jóvenes en edades comprendidas desde los veinte hasta los treinta y cinco años está alcanzando niveles récord desde los grandes éxodos de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Eso sí, ahora existen dos factores diferenciales con respecto a aquella inmigración. El primero de ellos es que afecta principalmente a jóvenes altamente cualificados, quienes frustrados por los bajos salarios en sus lugares de origen, optan por un mejor porvenir en las grandes corporaciones en Madrid. Harto estoy de volver a mi ciudad de origen –Zaragoza- y escuchar a personas de cincuenta y sesenta años con la vida más que resuelta tratándome de convencer de la gran calidad de vida que existe ahí mientras con la otra mano nos ofrecen “salarios de mierda” que no pasan del mileurismo y que nos condenarían a los jóvenes a un pésimo porvenir. El otro factor diferencial de esta inmigración joven es que su radio de alcance es mayor. Mientras que en los años cincuenta y sesenta esta inmigración estaba compuesta principalmente por jornaleros provenientes del sur y de tierras castellanas, a estos tradicionales focos de éxodo se les añade ahora el de las regiones del norte de España tales como Cantabria, Euskadi, Navarra o Aragón. Ver para creer.

La segunda consecuencia también es clave para la vertebración territorial del país: la España vacía cada día está más vacía y amenaza con vaciar nuevas zonas y envejecer considerablemente otras que no lo estaban. La segunda derivada de esta situación es la creación de una presión demográfica en la capital de España que se está traduciendo en ingentes problemas de vivienda y en una fuerte desigualdad social dado que no hay urbe europea capaz de asumir una media de ciento cincuenta mil residentes nuevos al año sin que exista una estrategia y política gubernamental que organice tal problemática.

El problema es claro; ahora la pregunta sería ¿qué queremos hacer? Personalmente, soy uno de esos “expatriados” que hace casi tres años que reside en Madrid, S.A. y que se encuentra muy a gusto en su nuevo destino. Sin embargo, más allá de mi situación personal, me preocupa el futuro de este País. Creo que resulta poco sano para la vertebración de un territorio la concentración de toda su actividad en el reducido espacio de una comunidad autónoma. Por ello creo que diversas medidas, tanto políticas como económicas, deberían ser analizadas por parte de políticos, empresarios, entidades sociales, para que el drama de la “España vaciada”, que solo es una arista más de este rompecabezas, pudiera ser abordada con alguna posibilidad de éxito.

A pesar del discurso centralista que ha invadido España desde hace unos años, primero empujado por los “pagafantas” de Ciudadanos, y ahora por el neofranquismo de Vox, la descentralización política debería continuar. Es la única forma, dar capacidad de análisis y resolución de sus problemas a las diferentes Comunidades Autónomas, de evitar que sus necesidades sean perpetuamente olvidadas. Una de las situaciones más vergonzantes a las que he asistido es escuchar a “paletos” del interior de la Meseta defender el centralismo de Madrid cuando el funcionario que tendría que velar por su municipio en la capital del País ni conoce el mismo, ni le importa un rábano su destino. Es más, la descentralización política debería continuar y contribuir a desengrasar “el politburó” creado en torno a los grandes Ministerios y Organismos públicos en Madrid. ¿Cuál es el sentido del Ministerio de Agricultura en Madrid, S.A.? ¿No sería más lógico que estuviera en La Rioja, Navarra o Murcia? ¿Y el Ministerio de Defensa? Tal vez debería estar en Rota, o en Zaragoza. Denle una vuelta.

En segundo lugar, es necesario proceder a una descentralización económica progresiva evitando que Madrid, S.A. engulla todo el crecimiento económico del Estado. Este reto es más complejo, pero existen posibilidades suficientes para afrontarlo. En primer lugar, es necesario apostar por infraestructuras que no sean solo radiales. La alta velocidad debe abordar pronto el eje Mediterráneo o el corredor Cantábrico-Mediterráneo. En este sentido, la apuesta logística en otros lugares distintos a Madrid, S.A. parece estar dando buen resultado. Véase el ejemplo de Zaragoza, su aeropuerto de mercancías y la plataforma logística anexa. Las autovías de carácter transversal no se encuentran concluidas y existen puntos pendientes de construcción todavía.

Por otra parte, se encuentra el tema fiscal. Hace unos artículos, propuse la utilización de la política fiscal como un incentivo a las empresas que generasen empleo y riqueza en zonas demográficamente deprimidas. Al igual que Sillicon Valley no se encuentra en San Francisco, tal vez sería conveniente que actividades relacionadas con la consultoría, los negocios y la investigación encontrasen promoción e incentivos por parte de los poderes públicos más allá de las cuatro torres y del distrito AZCA de Madrid, S.A.

En definitiva, esto no son sino pequeñas pinceladas de dónde estamos y hacia dónde queremos dirigirnos. Comprobar si Madrid, S.A. acaba siendo la única opción o si construimos una España sanamente vertebrada es un reto que ya mismo debemos abordar. Un servidor estará ahí para vivirlo. Felices Navidades, próspero año 2020, y con su permiso, el próximo ejercicio seguiremos opinando.

1 pensamiento sobre “Madrid, S.A.

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