Informar, formar y entretener

Informar, formar y entretener son las tres funciones básicas que se atribuyen a los medios de comunicación en las Sociedades contemporáneas. Durante la crisis del COVID, los españoles nos hemos visto recluidos durante semanas en nuestros hogares sin más contacto social que el de nuestra familia más cercana y, el de los medios de comunicación. El consumo de radio y televisión se ha disparado batiendo récords históricos y el crecimiento de lectores en los portales digitales no se ha quedado atrás. Sin embargo, si durante este periodo muchas cuestiones relacionadas con la ética y la responsabilidad se han puesto de manifiesto en relación con el comportamiento de la ciudadanía o de la clase política, los medios de comunicación tampoco han sido una excepción a ello.

Desgraciadamente, si algo ha caracterizado al modelo de televisión en abierto de España desde sus inicios y desarrollo, especialmente a partir de la década de los 90, es la primacía del entretenimiento y el enfoque a una audiencia de masas sobre cualquier otro interés público como la calidad del contenido emitido o la variedad y pluralidad de este. Mientras países como Francia o Reino Unido desarrollaron en su día un modelo fuertemente dominado por sus respectivos entes públicos donde el contenido informativo, cultural y educativo estructuraban las parrillas de programación, en España, acabó predominando el modelo Mediaset, donde el espectáculo y el sensacionalismo guían las estrategias de los directivos de las cadenas de televisión. ¿Dónde quedó aquello de informar, formar y entretener?

El modelo televisivo español viene marcado por el predominio de los dos grandes grupos privados de televisión que promueven un modelo basado en el entretenimiento más cutre, chabacano y básico. Desde los realities pasando por los magazines de la mañana o los intelectualmente nulos programas del corazón, la parrilla de nuestras cadenas muestra diariamente lo peor de nuestra Sociedad. De unos años a esta parte, la incidencia de la crisis en nuestro país ocasionó un auge de los programas de corte informativo que, a pesar de las coberturas mediáticas que realizan de los acontecimientos informativos destacados, caen cada vez con mayor frecuencia en el sensacionalismo y el amarillismo y en los que unos asalvajados tertulianos buscan la audiencia a cualquier precio.

En medio de todo esto, los medios públicos tampoco han sabido jugar un buen papel. Las televisiones públicas se ven, en la mayoría de los casos, neutralizadas y ninguneadas en el panorama mediático como consecuencia de una mala gestión interna, una politización excesiva de sus directivas, y una falta de visión y estrategia a largo plazo que ha conllevado la desaparición del interés por sus contenidos. Como en todo, hay excepciones y ejemplos de lo contrario, pero esta ha resultado ser la tónica habitual en un número muy elevado de casos.

Y en este breve comentario, no podía olvidarme de la prensa. Si recriminaba el papel desempeñado por la televisión, desgraciadamente los diarios de nuestro país no se quedan atrás en muchos aspectos. Recordemos de nuevo que informar, formar y entretener son las tres funciones básicas que se atribuyen a los medios de comunicación. Por el contrario, el objetivo principal de muchos diarios ha sido encontrar la portada más heavy o el titular de artículo que mejores resultados proporcionaba en el clickbait. Actualmente, la prensa se enfrenta a una reconversión de su modelo de negocio donde se pretende pasar de un modelo gratuito basado en la publicidad a los denominados “muros de pago”. Esperemos que esta reconversión traiga consigo cierta mejora en la calidad del contenido de los diarios. Mientras tanto, muchos de ellos se conforman con ser los simples “voceros” de ciertas opiniones que les permita seducir a grandes segmentos ideológicos de lectores.

Finalmente, no quería concluir este artículo sin olvidarme del “madrileñismo” que últimamente lo impregna todo en los medios. Dentro del abaratamiento de costes que implica producir unos medios basados en el puro espectáculo, hacer periodismo más allá de la Comunidad de Madrid está cayendo en desuso. Tiene que resultar indignante para todos aquellos que viven fuera de la capital observar cómo se conocen “los dimes y diretes” de los políticos madrileños como si les fuera la vida en ello, y sin embargo nadie sabe cómo se llama el Alcalde de Sevilla, el de Zaragoza, o el Presidente de Canarias. Hay vida más allá de Almeida, Carmena, Ayuso y Gabilondo.

En definitiva, se recrimina -acertadamente- el nivel que en nuestro país mantiene la política, el poder judicial o un sector de la ciudadanía. Sin embargo, no es menos cierto que muchas de estas opiniones están surgiendo de manera interesada desde medios que tienen mucha autocrítica que realizar. La mejora de la calidad de nuestra democracia no podrá ser plena sin que los medios de comunicación, o como también se les conoce, el cuarto poder, mejore sustancialmente su impacto en la Sociedad. En este caso, la mejor responsabilidad social de nuestros medios no es otra que cumplir sus funciones básicas: Informar, formar y entretener.

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