Almas vacías

Vivimos en una sociedad vacía incapaz de aceptar su naturaleza sentimental, una en la que ser fuerte implica callar.

Respira. Ya está. Ni lo piensas. Parece fácil. Pues en muchas ocasiones no lo es, créeme. Un acto tan básico y necesario como lo es este, en un determinado momento de nuestra vida nos puede llegar a resultar una batalla difícil de librar. Los motivos, indiferentemente cuales sean, son capaces de arrebatarnos una necesidad tan básica como esta; y lo ignoramos. Entonces, si decidimos centrarnos en la inmensidad de nuestro planeta y todas las personas que lo componen, podemos llegar a observar lo poco conscientes que somos de nuestra humanidad y lo que forma parte de ella, ¿Por qué?

Desde el momento en el que damos nuestra primera bocanada de aire estamos condicionados a ser de una forma u otra, dependiendo de como sea la sociedad y como piense. Y tristemente, lo que muchos consideran como sentir demasiado, no está bien reconocido. Para la sociedad, existen dos opciones: ser fuerte o no serlo. Pero, ¿Qué es realmente ser una persona fuerte? ¿Qué significa aquello que tanto deseamos ser muchos de nosotros? ¿Significa no sentir? ¿Perder por completo absolutamente todo lo que nos hace humanos? Pues, para muchos lo es. Quizá realmente poseer aquella ansiada fortaleza implica tragar, ignorar y terminar ahogándose -porque nada desparece, así como así, jamás-. Entonces, ¿Nos encontramos realmente en un mundo incapaz de poder abrazar su propia naturaleza sentimental? Para mí, es así.

Y es por esta situación, que tristemente llega un momento en el que caminamos con el alma vacía y la mente a punto de estallar, escondiendo en las sombras todo lo que sentimos; y cualquiera que se encuentre en una situación contraria, es de extrañar. Derramar lágrimas no es un crimen, pero cientos de nosotros nos preocupamos por quién nos ve, por quién va a conocer esa parte supuestamente oscura de nosotros, ya que esa “debilidad” no debe de ser contemplada por cualquiera. Nos comenzamos a preguntar a nosotros mismos, porqué no somos más fuertes y con un gran nudo en la garganta, hablas, ríes, y haces absolutamente todo lo que puedes para no “avergonzarte”, pero, ¿Es realmente vergonzoso? ¿Deberíamos tener vergüenza del acto más natural que conocemos? La respuesta es no. Pero vivimos asustados a escondidas. Rodeados de personas aterradas de sentir, de personas a las que se les ha enseñado que no se puede llorar por todo y nada. Nos declaramos a nosotros mismos fuertes, capaces de todo por no mostrar algo tan innato como nuestros miedos, esperanzas, nuestras grandes tristezas y preocupaciones. Pero, he de decir que encuentro muy complicado poseer una fortaleza basada en enterrar lo que sentimos.

El miedo que puede llegar a crecer en nuestro ser por el mero hecho de expresar las batallas que todos tenemos dentro, ha terminado desembocando en una sociedad insensible. Bien es cierto que este puede tener cientos de orígenes, pero la posibilidad de que haya nacido de que otros nos juzguen es enorme, porque somos así. Creemos que poseemos el poder de juzgar lo que otras personas sienten y por qué lo hacen, pero es todo lo contrario. Somos seres que deberían vivir sintiendo al máximo y dejar a otros hacerlo en paz, y esto no es en absoluto un disparate. Cada persona debe de poder sentirse completamente aterrado o preocupado ante una situación que no le produce confianza o simplemente derrumbarse de vez en cuando. Porque no nos encontramos en ninguna posición para criticar algo tan personal como los sentimientos de alguien, especialmente si no somos conscientes de las secuelas que eso puede dejar. Porque no podemos vivir escondiéndonos.

Por lo tanto, ser fuerte tiene un significado completamente distinto para cada uno, pero también habrá que preguntarse si realmente esas ideas son sanas. Dejar de lado aspectos tan importantes como nuestras mismas emociones puede llegar a tener serias repercusiones en nuestra vida que quizá nunca nos hemos planteado. Siempre que tenemos cualquier clase de dolor físico, nos preocupamos y acudimos al médico explicando al detalle que es lo que nos sucede, entonces, ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestra mente? ¿Por qué no soltamos absolutamente todo lo que se cruza por la misma sin temor alguno? Porque no está bien visto. Porque no es lo normal. Porque no nos han enseñado a cuidarnos mentalmente.

La cruda realidad es que nos cuesta horrores aceptar la sencillez de nuestro ser, y cambiarlo es peor aún. Los humanos sienten, y ya está. No hay complicación alguna. El problema se encuentra en que hemos sido educados en una sociedad fría e indiferente, de almas ahogadas en penas y malos recuerdos que creen que ya no existen; olvidando siempre que la mente recuerda, absolutamente todo.