Necesitamos enseñar diferente

Se hace necesario abandonar un sistema paternalista que produce seres sin autonomía y destruye cualquier conato de creatividad. Abandonar, así, un sistema muy poco rentable, agotado, que se limita a entregar al alumno una píldora contenedora de toda la información del curso, cuyos efectos parecen desaparecer al término del mismo. Y construir un nuevo modelo educativo que sitúe a los estudiantes en el centro del sistema. 

El tiempo pasa y la realidad se transforma a pasos agigantados. Las leyes educativas se suceden pero, en esencia, su contenido permanece intacto. A pesar de estar viviendo en la segunda década del siglo XXI, aún no hemos superado ni las formas, ni los contenidos de tiempos pasados. A todo ello, habría que sumar la parálisis política que sufrimos en España, que claramente no ayuda. 

Estamos recién inmersos en lo que se conoce como era de la información y del conocimiento. Constantes oleadas de datos nos llegan para ser analizados a gran velocidad. Este nuevo mundo, donde nada es permanente y todo es relativo, requiere diseñar un nuevo modelo de sociedad más aerodinámico y resistente. Para lograr construirlo hay que comenzar por lo más básico, pero que asegura su supervivencia misma: su sistema de educativo.

En España, pese a los pésimos datos, cuando toca reformar la ley educativa de turno se habla muy poco de currículum educativo (a excepción, claro está, de iniciar una polémica en torno a la asignatura de Religión o para deshacerse de la Filosofía) y aún menos de formas de enseñanza. Y es que a día de hoy seguimos conservando un modelo atrasado en su contenido, el cual se deja fuera aspectos muy importantes del desarrollo intelectual y social del ser humano, y en su forma, basada en clases magistrales donde el alumno es un actor secundario que tiene casi «prohibido» tener ideas propias. 

En pleno siglo XXI no se puede enseñar con modelos de otras épocas. Ante una sociedad que se mueve a gran velocidad y de realidades paralelas -fenómeno de las “fake news”-, no podemos pretender enseñar a nuestros alumnos a memorizar información, sino a analizarla y a interpretarla correctamente. Necesitamos personas que piensen por si mismas y con las habilidades suficientes como para aprender de forma constante a lo largo de su vida. Y todo ello, está muy relacionado con la potenciación del autodidactismo y con eliminación del hermetismo del aula. La educación del futuro más inmediato se deberá basar en enseñar a aprender a aprender. Se hace necesario confeccionar un modelo que permita que cada persona adquiera las técnicas necesarias para adaptarse a la realidad de su tiempo. 

A día de hoy seguimos conservando un modelo atrasado, basado en clases donde el alumno tiene casi «prohibido» tener ideas propias. 

De esta forma, si queremos avanzar como país y garantizar una igual real de oportunidades, debemos apelar a la responsabilidad de nuestros representantes políticos para iniciar reformas de calado y duraderas.

Se hace necesario, de esta forma, abandonar un sistema paternalista que produce seres sin autonomía y destruye cualquier conato de creatividad. Abandonar, así, un sistema muy poco rentable, agotado, que se limita a entregar al alumno una píldora contenedora de toda la información del curso, cuyos efectos parecen desaparecer al término del mismo. Y construir, por lo tanto, un nuevo modelo educativo que sitúe a los estudiantes en el centro del sistema. 

 

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