Verano en la villa

Estaba a punto de aterrizar en lo que había sido el epicentro del coronavirus en España y no me paré a pensar entonces en lo devastador que había sido allí el virus, aunque era más que consciente de ello. La mascarilla en mi cara me recordaba cada segundo el porqué del «tener cuidado». Más de setenta mil infectados y casi ocho mil quinientos muertos en una ciudad que hacía meses que rogaba por volver a pisar. ¿Cómo se está llevando «la nueva normalidad» en la capital de España?

Calle de Echegaray, Madrid | Foto: Alex Vasey

Estaba a punto de aterrizar en lo que había sido el epicentro del coronavirus en España y lo único que me preocupaba era terminar el reportaje que estaba escribiendo para mi blog, titulado «Volar en tiempos de Coronavirus». Me había quedado una crónica buenísima —apreciación más que subjetiva­— y unas cortas entrevistas más que interesantes. Aún así, aterricé en Madrid pensando en cómo poder rematar el reportaje. No me paré a pensar entonces en lo devastador que había sido allí el virus, aunque era más que consciente de ello. La mascarilla en mi cara me recordaba cada segundo el porqué del «tener cuidado». Más de setenta mil infectados y casi ocho mil quinientos muertos [Fuente: Google] en una ciudad que hacía meses que rogaba por volver a pisar. ¿Cómo se está llevando «la nueva normalidad» en la capital de España?

Veranos de la villa

A los ajenos a Madrid no les sonará del todo el guiño del titular. Hace exactamente treinta y seis años que Madrid llama a sus celebraciones de verano «Veranos de la villa», por aquello de la ambigüedad de ‘Villa de Madrid’. Durante la estación estival, pueden verse por el centro de la ciudad numerosos carteles haciendo referencias a eso de las celebraciones, fiestas o festivales —llámese como quiera— que se han convertido ya en una tradición de la ciudad. Y a pesar de que este año seguirán celebrándose, o eso se menciona en los propios carteles expuestos durante este mes o en la propia página de Turismo de la ciudad de Madrid, hay algo que se antepone a todo ello. Y eso es, sin ninguna duda, el coronavirus.

Si hay algo muy positivo que debo decir es que, a mi parecer y tras quince días transitando la ciudad, las cosas se están haciendo muy bien. Por lo general la gente está siendo muy responsable y, aunque se sobreentienda que en una ciudad de más de seis millones de habitantes las calles del centro están llenas de viandantes, se hace un uso responsable de la mascarilla. Parecerá tontería, pero no en todas las ciudades de España se ve a todas las personas por las calles haciendo uso de esta. Además, en todo momento vi como en locales se desinfectaban mesas y sillas, el protocolo se cumplía y, en definitiva, se hacían bien las cosas.

Llegadas nacionales

Comentaba hace dos párrafos que, mientras esperaba por llegar a la ciudad, mis preocupaciones se basaban en aquel reportaje. Debo decir que el artículo estaba fielmente relacionado con la crisis del coronavirus. Mencionaba en él, por ejemplo, que en mi llegada a Madrid no hubo ningún control: «Para nosotros no hay ningún control en el aeropuerto de Barajas más allá del uso de la propia mascarilla. Somos ciudadanos libres». En aquella crónica no me permití el placer de opinar acerca de aquella medida, por aquello de lo que hablan en los manuales de redacción de no mezclar opinión e información.

Pero, en esta columna de opinión, tengo suerte: por eso se llama opinión. Debo añadir que, el no haber ningún control en las llegadas nacionales —en internacionales hay, pero poco— es un gran error. En caso de un gran rebrote, Madrid tendría otra vez la gran mayoría de papeletas para volver a corroerse, pues recibe cada día pasajeros de todo el panorama nacional sin control alguno. De hecho, lo que demando no es ninguna chifladura: en aeropuertos más pequeños, como es el caso del que pisé como origen, se hacen controles de temperatura a los que recién tomaban tierra.

Próxima estación

Lo que más preocupa a la gente —y con razón— es el utilizar el metro como transporte público. Cabe mencionar que, muchas veces, uno se siente desprotegido pues, a pesar de que es obligatorio el uso de mascarilla para acceder, no hay límite de aforo y literalmente siempre vas sentado al lado de un desconocido. En mi caso, podía evitar las horas punta, lo que hizo que la experiencia no fuera tan radical. Pero para una persona que va a trabajar diariamente, imagino que la situación debe ser mucho peor.

Desde mi perspectiva, considero que una mala utilización del transporte público lo convierte en el mayor foco de todos. De hecho, pienso fielmente que el aumento de casos en Madrid se debió, en mayor parte, al metro. Diariamente, más de un millón ochocientas mil personas utilizan el transporte público subterráneo  de Madrid.[Fuente: metromadrid.es] Imaginen todos esos pasajeros, sin mascarilla ni nada por el estilo, en los tiempos en los que todavía no creíamos en el virus que ahora vive con nosotros. Bueno, ahora la situación es diferente, pues ya lo conocemos. Pero, visto así, sigue dando un poco de vértigo.

Pongamos que hablo de Madrid

Y sí, es que, al hablar de Madrid, uno se pone sentimental, como Joaquín Sabina. Alguien me preguntó hace unos días si viajar ahora mismo a Madrid era una locura. Y, sacando mi faceta de poeta, he de decir que viajar a Madrid es siempre una locura. Pero, llevándolo al terreno de la pandemia, hay que mencionar que es notorio lo mal que se pasó allí pues, desde mi punto de vista, están siendo los más ejemplares en cuanto a las medidas de «la nueva normalidad».

 

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