Bimbos y Pick Me Girls: por el condominio masculino

Jóvenes mirando sus teléfonos

Cada día se desarrollan más términos que tratan de referirse a la manera en que se plantea la feminidad. Nuevos apelativos como Bimbo o Pick Me Girl redefinen la manera en que las adolescentes, con la influencia inevitable de Internet, estructuran su feminidad. Pero, ¿qué es exactamente una bimbo? ¿Qué es una pick me girl? ¿Qué tienen que ver con la feminidad?

 

Los conceptos: The Bimbos The Pick Me Girls

A la adolescencia le acompaña un replanteamiento, a veces confuso, sobre la feminidad propia – qué es ser mujer. Las generaciones que se criaron de la mano de Internet tuvieron más recursos para conocer diferentes perspectivas sobre la feminidad, así como otros asuntos como identidad de género, preferencias sexuales y salud mental. La generación Z ha estado mayormente bendecida por una ingente cantidad de información que da cobijo a sus inquietudes. La red ha servido, en cierta parte, para ayudar a millones de adolescentes a descubrir qué les está ocurriendo. Por otra parte, la red ha traído también un sinfín de estereotipos increíblemente dañinos y usualmente reproducidos en las redes sociales que han desvalijado parte del camino teórico que se venía construyendo en la lucha por los derechos sociales.

Pero lo verdaderamente interesante es que, en cuanto los adolescentes comenzaron a entender qué identidad encajaba más con ellos, comenzaron a replantearse el por qué del resto de identidades: y nacieron, por tanto, feminidades como las Bimbos o las Pick Me Girls.

Las redes sociales hablan de las Bimbos como mujeres hiperfemeninas, seguras de sí mismas, usualmente pijas, y, según la red las retrata, tontas y básicas. No guardan más maldad que su carácter ingenuo y necio. Las Pick Me Girl, por otra parte, se basan en el desprecio otras mujeres para conseguir una validación masculina inconscientemente necesaria para ellas. Para ello, intentan dejar claro ante grupos masculinos que ellas no son como el resto de chicas. Perpetúan una imagen peyorativa del resto de mujeres intentando separar su imagen del supuesto «dramatismo» y la «exageración» femenina. Buscan la validación de aquellos chicos que les gustan mediante injurias a mujeres como las Bimbos, usualmente víctimas de todo tipo de desprecio femenino generalizado. Tratan, asimismo, de integrarse en actividades de ocio popularmente asociadas al varón, para integrarse, así, en un círculo de suficiente validación.

 

El trastero de estos conceptos

Tanto el término Bimbo como el de Pick Me Girl son una oda a la misoginia interiorizada. El nacimiento del concepto de Bimbo muestra, precisamente, una valoración generalizada, banal e insultante de la figura de la mujer hiperfemenina segura de su sexualidad. Trata de resumir el valor de la mujer según su físico, que es, de por sí, bastante problemático: más allá de eso, cree estar insultando, con propiedad, a millones de mujeres para ellos desconocidos.

La utilización del término Bimbo en redes sociales tremendamente influenciadas por las diferentes vertientes feministas ha dado resultados, cuanto menos, curiosos. Contra todo pronóstico – siguiendo las tendencias machistas – la concepción de la Bimbo ha intentado ser gentrificada a un mejor plano. La generación Z se ha dado cuenta de lo contraproducente que es dar voz a conductas denigrantes: ha aprendido rápidamente a llevar a su terreno los diferentes términos que nacieron y fueron creados para dañar.

Por tanto, Bimbo se ha utilizado en voz de referentes feministas de la red, que, seguras de sí mismas y de su hiperfeminidad, lo han utilizado para autodefinirse. Los términos que nacieron siendo dañinos han sido expropiados y llevados a un terreno mucho más saludable.  Esta es solamente una de las tantas maneras con las que las juventudes de internet han decidido llevar a cabo su ciberactivismo: y de pronto, Internet pasa de ser un terreno pantanosamente cargado de demasiada información, a ser el padre de generaciones inteligentes, audaces y seguras.

Las Pick Me Girls, por otro lado, nos han enseñado las conveniencias del odio entre mujeres. El desprecio de unas a otras por el aprobado social masculino no muestra únicamente que el hombre es el mejor receptor de insultos a mujeres. También nos muestra que creernos superiores a otras mujeres que decidimos humillar es el camino más fácil para conseguir alzarse. Pues la feminidad resulta, al fin y al cabo, un territorio colonizado: una selva llena de recursos naturales, pero solo protegida por su facilidad de sublevación.