Ayer saltaba la noticia de que Isabel Diaz Ayuso, candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid por el Partido Popular, había empezado a ceder frente a las presiones de Vox y se proponía modificar las leyes LGTBI para agradar a sus socios de gobierno. Mi incredulidad aumentaba al tiempo que leía los artículos que pretendía modificar. Eran los siguientes:

Art14. Atención sanitaria de los menores transexuales

Art.22 Actuaciones en materia de transexualidad en el ámbito educativo.

Art.23 Protocolo de atención educativa a la identidad de género

Art.24 Planes y contenidos educatidos

Art.5 Tutela institucional

Art7. Igualdad de trato

Art.10 Apoyo y protección a personas LGTBI y su entorno familiar

Para algunos patriotas de caballo y pulsera rojigualda, que se permiten la licencia de utilizar la bandera de todos para sus propias perversiones, estos artículos podrían ser los siete pecados capitales. El viejo cuento de la ideología de género y la dictadura LGTBI.

Entre la resignación, la incredulidad y esta perpetua ola de calor yo recordaba a Alan, quien en una fría Nochebuena decidió suicidarse debido al odio vertido por el desconocimiento de algunos. Insultos, vejaciones y acoso acabaron con su vida. Un crimen social.

Nada ha cambiado desde entonces, aquella navidad nos entristecimos, pero todo siguió igual.

Si ya es escasa la presencia de referentes LGTBI fuera de las aulas, dentro la carencia se perpetua.

A menudo, solemos escuchar aquella famosa proclama: ¨La felicidad de la ignorancia¨, y yo siempre me pregunto que este concepto de felicidad es la máxima expresión del egoísmo y la individualidad, ya que la repercusión de la ignorancia propia puede traer consecuencias fatales para todos aquellos que sufran las consecuencias de sus acciones.

Desde una perspectiva inocente podemos creer que Diaz Ayuso es una ignorante y por eso se atreve a lanzar semejantes declaraciones e ignora, entre otros datos, que las personas LGTBI han sufrido durante la infancia múltiples formas de segregación y violencia.

El acoso escolar o la violencia en el ámbito familiar son problemas a los que se enfrenta la comunidad LGTBI a diario debido al rechazo que sufren cuando expresan su orientación sexual.

Pero, si afinamos más, podemos ver como el afán por el poder convierte los derechos LGTBI en moneda de cambio y en aquello a lo que renunciar para contentar a la ultraderecha.

Los infantes pertenecientes a la comunidad LGTBI no solo se tienen que enfrentar al odio y las vejaciones de aquellos compañeros que ven en lo diferente un enemigo al que abatir o de aquellos familiares que no aceptan su orientación sexual, sino que se deben enfrentar a la discriminación y estigmatización de aquellos grupos políticos que, anclados en el pasado, permiten que sigan realizando terapias de conversión, a veces, en el seno de la iglesia y con impuestos de todos los españoles.

No me suelen gustar los eufemismos y más si esconden en ellos, un potencial peligro para todo aquel que no cumpla el dogma de familia, fe y patria.  Los gobiernos en los que se apoye la ultraderecha, es decir, todos en los que participe el Partido Popular, socio preferente de Ciudadanos y el anterior citado esconde un potencial peligro para la comunidad LGTBI.

Ya no es solo traficar con los derechos del colectivo o utilizarlo para blanquear acciones políticas, sino, abandonar los talleres formativos en los colegios o dirigidos a las propias familias y dar rienda suelta al discurso del odio. Esto solo es la punta del iceberg, pero se podría traducir en el aumento del odio hacia el colectivo o incluso el aumento del número de menores que deciden quitarse la vida.

La tristeza me invade al recodar que más de la mitad de los menores LGTBI sufre acoso escolar en las aulas y que además en los casos de suicidio la familia suele esconder el motivo por miedo e incomprensión y por tanto estos crímenes sociales suelen quedar sumergidos en el perpetuo olvido.

La federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales realizó una muestra con 700 jóvenes que habían sufrido acoso escolar por su condición de homosexual, cuyos datos revelaron que el 43% había ideado alguna vez el suicidio, el 35% lo había preparado con algún detalle y el 17% lo había intentado en alguna ocasión.

Si nos enfocamos en lxs jóvenes transexuales nos encontramos con el grito sordo de multitud de asociaciones que reclaman una ley transexual que atienda todos los ámbitos. En la actualidad la identidad de género se regula en la ley 3/2007, una ley que fue un hito en su momento y que en la actualidad necesita una reforma para que se produzca la inclusión de los menores,  su completa despatologización, así como la creación de tarjetas de residencia para las personas trans extranjeras y el reconocimiento del género no binario, adecuándose así la ley 3/2007 a los nuevos tiempos.

No seguiré con esta oda a la desvergüenza que nos ofrecen aquellos pactos PP, CS, VOX que se traducen en una España en blanco y negro, donde el mínimo ápice de libertad es considerado libertinaje.

Para finalizar recordar como en Andalucía, aquel bastión del cambio y regeneración, la religión ha ganado importancia en las aulas, en detrimento de la oportunidad de implementar en aquellas horas, por ejemplo, a talleres dirigidos a la prevención del bullying o la violencia en las aulas.

Pan y circo sobre la sangre de aquellos y aquellas que, sumergidos en las vejaciones e insultos, fueron obligados a renunciar a su vida. Vidas humanas que valen sillones.

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