La huella del VIH: 40 años de estigma y 40.000 millones de muertos

40 años de VIH

Freddie Mercury, Magic Johnson, Rock Hudson, Anthony Perkins… son algunos de los famosos afectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Desde 1981, año en el que se detectaron los primeros casos, 40.000 millones de personas han fallecido a causa de esta enfermedad. 40 años después, el SIDA, la última fase del virus, ha dejado de ser una sentencia de muerte. Hoy es una dolencia crónica que limita levemente pero no impide vivir. Sin embargo, la huella que deja es imborrable: un estigma que aún persiste y con el que conviven unos 38 millones de personas infectadas de VIH. 

La investigación en VIH es una carrera sin fondo de cuya meta estamos cada vez más cerca.

Este virus destruye poco a poco el sistema inmunitario, debilitándolo y permitiendo el rápido desarrollo de infecciones y cánceres potencialmente mortales. Si no se trata a tiempo puede evolucionar a su etapa final: el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). El VIH se transmite de una persona a otra mediante los siguientes fluidos corporales: la sangre, el semen, el líquido preseminal, los fluidos rectales y vaginales y la leche materna. Se propaga cuando cualquiera de éstos entra en contacto con las membranas mucosas (el interior de la boca, el pene, la vagina y el recto); con el tejido dañado —cortado o raspado— o mediante una inyección en el torrente sanguíneo. Esta infección no se disemina por contacto físico casual, como los abrazos o besos con la boca cerrada. Tampoco por mosquitos; animales de compañía; tocando superficies previamente tocadas por una persona seropositiva; o ingiriendo alimentos manipulados por personas con VIH.

En la actualidad, las personas que padecen esta enfermedad pueden hacer vida normal. Esto es gracias a los antirretrovirales. La Terapia Antirretroviral de Gran Actividad (TARGA) es el resultado de varias combinaciones de estos medicamentos. Tras 40 años de VIH, todavía no hay una cura disponible para la infección. No obstante, los fármacos antirretrovirales la convierten en una afección crónica manejable y reducen su riesgo de transmisión. Así como se incrementa la esperanza de vida de los pacientes. Hace 25 años, se estimaba que una persona de 20 años con VIH no alcanzaría los 39. Actualmente, una persona de la misma edad, contagiada y con tratamiento, puede vivir hasta los 70 años.

Después de cuatro décadas conviviendo con la enfermedad, continúa la búsqueda de una vacuna efectiva para prevenir el VIH. Esto constituye uno de los mayores retos de la comunidad científica. “Mosaico” es un ensayo clínico que se encuentra en fase III, la última previa a su comercialización. Se está realizando en Europa, Latinoamérica y Norteamérica y se estima la obtención de resultados para finales de 2023 o principios de 2024. Esta vacuna supondría un gran paso en la batalla contra el SIDA, puesto que dotaría al sistema inmunológico de anticuerpos para prevenir la contracción del VIH. Confiar en la comunidad científica e invertir en investigación es un compromiso que tenemos que adquirir todos los ciudadanos. Para que dentro de 40 años podamos afirmar que el SIDA no solo tiene vacuna, sino también cura.

40 años de VIH, 40 años de estigmatización

La inmunización efectiva que consiga borrar al VIH por completo no es el único objetivo. Otra epidemia a la que nos enfrentamos como sociedad es el estigma. Para los pacientes seropositivos esto es una realidad en su vida diaria. Y es que, a día de hoy, es mayor el avance sanitario que el progreso social. Las personas con VIH ven afectados su bienestar emocional y salud mental a causa de la estigmatización del virus. A menudo sufren discriminación en diferentes ámbitos de su vida. Negación por parte de médicos a brindarles atención médica; rechazo; falta de cariño; aislamiento social… Debemos educarnos sobre esta enfermedad para brindar todo nuestro apoyo a personas que la sufren. Como dijo Ginger Rousse, Dragqueen, en una entrevista para Freeda, es necesario “cambiar ese miedo por ese conocimiento”. Eliminar el estigma está en nuestras manos.