¿Preparados para ser 100% tecnológicos? (Parte 1)

Si me hubieran hecho esta pregunta en febrero, claramente hubiera dicho que no, de hecho, estaba preparando un artículo que indicaba el largo camino que nos quedaba por recorrer, no solo por la tecnología que teníamos disponible, sino porque se necesitaba un cambio de pensamiento radical en la sociedad. Pero la situación ha cambiado en todo el mundo y eso ha hecho que nos tengamos que adaptar a nuestra nueva realidad.

Siempre se ha dicho que de las situaciones más duras se pueden sacar cosas buenas, y sin duda estamos ante una de las situaciones más duras que nos ha tocado vivir. Según los expertos solo es equiparable a la mal llamada Gripe Española de 1918. Sin embargo, nuestra sociedad no tiene nada que ver con la sociedad de hace un siglo, pero si algo enseñó esa pandemia es que, ante cambios bruscos, se producen cambios disruptivos en la sociedad.

Hace unos meses muchas empresas eran reticentes al teletrabajo, ya que pensaban que eso les perjudicaba. Parecía que daban permiso para que la gente tuviese vacaciones encubiertas y se hiciese de todo menos trabajar. A lo largo de mi corta vida profesional, me he encontrado responsables de todo tipo: aquellos que facilitaban el teletrabajo y otros que ponían impedimentos injustificados. Desde mi experiencia diré que aquel que es profesional sabe lo que debe hacer y cuando, y aquel que solo “calienta la silla”, si trabaja en casa va a hacer lo mismo, es decir, nada. Y eso que yo he trabajado siempre para empresas tecnológicas que teóricamente facilitaban el teletrabajo.

Esta crisis ha conseguido lo que parecía imposible a corto plazo. Es más yo diría que en este ámbito ha conseguido lo imposible, como exponía unas breves pinceladas Javier Ortega en su artículo ¿hacia una nueva forma de trabajar?. En un tiempo récord todas empresas que han podido, independientemente del tamaño, se han adaptado. Sin duda era adaptarse o morir, ya que se ha evitado un cierre total de la economía. Pero obviamente no todo trabajo puede hacerse desde casa y esos son los que más directamente se han visto afectados.

Sin duda se ha visto que el teletrabajo está siendo un éxito: ayuda a que la cuarentena sea más llevadera, facilita conciliar la vida laboral/personal y, sobre todo, permite mantenernos a salvo de los grandes focos de contagio, como por ejemplo el transporte público.

Obviamente, en estas circunstancias tan excepcionales el teletrabajo no es igual. En un mundo “normal”(pre-covid), cuando hacías teletrabajo no tenías a toda la familia en casa y en el horario laboral, y los más pequeños de la casa no necesitaban los medios tecnológicos (tablet, ordenadores etc) para seguir con su enseñanza. Sin duda los más perjudicados son aquellos que tienen hijos, ya que lo más habitual es que no se tenga un ordenador por miembro familiar, y esto ha causado que los padres tengan que hacer nuevos malabarismos para volver a conseguir esa conciliación entre el trabajo y la educación de los hijos.

Creo que ese malabarismo que están haciendo las familias es admirable, porque las empresas han puesto el mínimo material necesario para el teletrabajo, como que todos sus empleados tengan ordenador portátil con acceso VPN (es decir, una puerta de acceso a los sistemas internos de la empresa, para disponer de las mismas herramientas que si en la oficina), pero los colegios y centros educativos no estaban preparados para la teleeducación y ni siquiera han aportado material para ello en su mayoría.

Ante estas circunstancias excepcionales, muchas familias se han tenido que organizar para poder llevar a cabo la educación a distancia y el teletrabajo. Muchos padres aprovechan las primeras y últimas horas del día para trabajar en silencio, ya que durante el día los niños tienen el protagonismo. Por eso creo que las empresas deben ser conscientes del gran esfuerzo que están haciendo para mantener ese equilibrio. Pero también se debe ser conscientes que quizás a esas horas que ellos pueden, el resto de su equipo ya han dado todo de sí, ya que el teletrabajo no significa estar 24 horas disponible.

Aquí está la clave: para que el teletrabajo sea un éxito se debe permitir una mayor flexibilidad horaria. Para que los proyectos sean un éxito todos debemos estar coordinados, porque todo el mundo aporta valor al trabajo. Sé que es complicado, y más cambiar la mentalidad de muchos, sobre todo en empresas donde se ha instaurado la competitividad entre trabajadores. Aquí está la clave y la dificultad del teletrabajo: la coordinación de todo el equipo para evitar repetir tareas, solapar funciones o que las partes no encajen como una maquinaría perfecta. Para eso están las herramientas colaborativas en cloud, tipo OneDrive o Teams de Microsoft u otros de otras compañías como Google, etc.

Por ello decir “hasta que no esté terminado no lo comparto” es un error. Debemos aplicar metodología Agile, es decir, estar en constante disponibilidad de entregas, modificaciones y mejoras continuadas, porque igual que la humanidad, el trabajo está en constante cambio y debemos adaptarnos. No es lo mismo lo que se planteaba entregar a principio de semana a lo que se quiere a final, y esto solo se consigue con organización, coordinación y comunicación. Las herramientas ya las tenemos, solo tenemos que aprender a usarlas. Está claro que entregar el resultado final de golpe sin puntos de control, es decir, utilizar una metodología Waterfall o cascada, será un fracaso porque no habrá evolucionado a las necesidades ni adaptado a las nuevas circunstancias.

De nada sirve que algunos pongan toda su voluntad si no hay un líder, no confundir con un jefe que controle. Un líder que lleve a cada miembro del equipo a su mejor desempeño conduciéndoles al éxito y saque las mejores habilidades.

Para concluir diré que siempre me ha gustado tener la opción del teletrabajo y ha sido un punto a favor de las empresas que lo han ofrecido, no la obligatoriedad de tenerlo (o la imposición de tener un día concreto que debes trabajar desde tu casa), sino la opción de disponer de ello y que se adapte a las necesidades de cada uno. A pesar del “coñazo” del transporte público en una gran ciudad, ir a la oficina me gusta. Al final somos seres sociales que necesitamos ese calor humano y no hay nada como ir a una oficina en la que hay un buen ambiente, conocer al equipo en persona y esas reuniones presenciales en las que es mucho más fácil explicarse. Incluso ese café que te rompe la monotonía o te da fuerzas para enfrentarte a un día complicado, ¿quién no ha tenido un día duro?

Lo que está claro que el teletrabajo ha venido para quedarse y nadie podrá negarlo. Se ha demostrado en las circunstancias actuales que es una nueva forma de trabajo muy útil y ventajosa, tanto para la empresa como para el empleado.

Sin duda tengo ganas de volver a la oficina, pero cuando ir en el transporte público en hora punta no suponga un riesgo importante para la salud de todos. Así que mientras esperamos volver a esa rutina (mejorada y flexible esperemos) nos mantendremos “unidos” en casa con el cafecito y los after-work a través de las videollamadas que nos mantienen más cerca que nunca, a pesar de la distancia.