Un mes de Samuel: lo que no hemos aprendido

Manifestación en Madrid con motivo del asesinato de Samuel. Fuente: El Español

Hace exactamente un mes nos levantamos con la noticia de que un grupo de jóvenes habían matado de una paliza a Samuel, otro joven de 24 años, al grito de maricón. Desde entonces se ha puesto en cuestión si el motivo fue porque son asesinos o por homofobia. El colectivo LGTB —que no las asociaciones— se ha movilizado y se ha convertido en una sola voz, y se han introducido elementos en el debate social que a todos nos ha hecho pensar

Por qué tenemos que decir que es homofobia

Desde que se conoció el asesinato de Samuel, el colectivo LGTB ha tenido que enfrentarse a discursos muy peligrosos que han intentado invisibilizar su motivación homófoba. Una de las hipótesis que baraja la Policía es un delito de odio por homofobia. Pero los medios de comunicación, los discursos oficiales, y algunos partidos políticos se han empeñado en no darle la importancia que tiene esta violencia estructural.

Para negarlo, entre otros motivos, se ha dicho que como no existía una relación previa entre asesinos y víctima no podían conocer su orientación sexual, pese a que le mataron a patadas al grito de «maricón». Como dice Luz Sánchez-Mellado en un artículo en el diario El País, «los de mi clase no sabíamos si Manolito era marica, pero lo parecía, y eso bastaba y basta para humillarlo».

La homofobia también es piramidal: de lo visible a lo invisible

La homofobia, al igual que sucede con la violencia de género, tiene una estructura piramidal donde la parte visible es aquella a la que como sociedad le damos más importancia: el asesinato, la agresión física, los insultos o las amenazas, etc. Pero es igual o más peligrosa aquella que no es tan explícita, o que es más sutil, e incluso que se encuentra normalizada en nuestra sociedad: la humillación, la desvalorización de la violencia que sufren las personas homosexuales por el hecho de serlo, el desprecio, el humor o el lenguaje homófobo, entre otras. Como educador me veo en la obligación de decir que las menos visibles son las más importantes. Trabajar esas formas de discriminación evitarán una violencia mucho más grave. 

Discursos en los que se pone en duda que emplear «maricón» mientras te pegan una paliza hasta matarte, como fue el caso de Samuel, no es una motivación de odio por el hecho de ser homosexual supone una invisibilización y un desprecio del problema que viven todos los días, constantemente, personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Todos los días se producen incidentes de odio de este tipo en nuestro país, de los que se denuncian muy pocos —ya sean agresiones, acoso escolar, discriminación en la propia familia, en el trabajo—. Lo que representa que como sociedad no estamos tan avanzados como creemos.

Samanta Hudson y el discurso de los que siempre hablan

Samanta Hudson y Gabriel Rufián durante la grabación de la entrevista. Fuente: El Nacional.cat

Samanta Hudson se sentó con Gabriel Rufrián en un programa que dirige en Youtube (min. 10:12) a hablar de diversos temas, hasta que ahondaron en la representación LGTB y las políticas de identidad. La artista expresaba que el colectivo siempre acaba en el autorreferencialismo. Es decir, que únicamente cuentan con la presencia de una persona gay, lesbiana, bisexual o transexual para hablar de que es una persona LGTB. Aprovechó la ocasión para reclamar situar más a personas LGTB en espacios públicos.

Samanta añadía una realidad que es cierta, y es que lo único que se logra con esta práctica es generar burbujas —o guetos— para hablar de temáticas o problemáticas de sobra conocidas por el propio colectivo en espacios LGTB, impidiendo así que el mensaje llegue a toda la sociedad. Otra cuestión a tratar es que siempre se recurre a las mismas «personas referentes», las cuales repiten el mismo discurso en diversos espacios, lo que —que tampoco queda exento de agresiones y discriminaciones—.

El papel de las asociaciones LGTBI

Durante los días posteriores al asesinato de Samuel, Twitter manifestó el descontento del propio colectivo LGTB por cómo se estaba tratando la noticia y la invisibilización del motivo homófobo. Pero también se criticó la impasible actitud de las principales asociaciones LGTB, las que se supone que deberían representar al colectivo y defender sus derechos ante las instituciones. Los siguientes días se produjeron una multitud de agresiones a personas LGTB y las principales entidades continuaban sin reaccionar; lo que llevó a pequeños movimientos convocar otra manifestación durante el siguiente fin de semana. Nos deberíamos preguntar realmente qué papel están jugando estas entidades y si realmente están cumpliendo sus funciones.

Las estadísticas no reflejan la realidad

La semana pasada el Ministerio del Interior dio a conocer los datos de delitos de odio durante el año 2020 en España. Según los datos, aquellos relativos a la discriminación por orientación sexual y la identidad de género —los que incluirían la homofobia, la bifobia y la transfobia— se redujeron un 0,4%. Hecho que las asociaciones LGTB y la realidad diaria de las personas homosexuales, bisexuales y transexuales desmienten. No se denuncian todos los delitos que se cometen, ya que las propias LGTB no sienten los protocolos actuales como un espacio seguro donde poder recurrir y que se vayan a sentir comprendidas y valoradas como debería ser.