«Mama África»: el hotel que da cobijo a los derechos de los migrantes

Osman mira desde la terraza | Foto: Ana González

Osman mira desde la terraza | Foto: Ana González

Durante los últimos meses, la costa del sur de la isla de Gran Canaria ha estado en parte protagonizada por la llegada de migrantes en pateras o cayucos. Situación que dio lugar a que el Gobierno central tomara la decisión de alojar a los recién llegados en complejos turísticos vacíos a consecuencia de la crisis de la COVID-19.

Una fundación en proceso

En uno de estos complejos hoteleros nació «Mama África», una fundación en proceso de creación de la mano de Calvin Lucock y Unn Tove Saetran. Lucock, que es el director general de la cadena hotelera Holiday Club en Canarias, se encontró en la tesitura, durante los meses de confinamiento, de tener sus hoteles cerrados. Cuando a lo largo del año pasado se originó lo que hoy conocemos como crisis humanitaria a raíz de la masiva llegada de migrantes a las Islas Canarias, la dirección tomó la decisión de ofrecer a la Cruz Roja uno de los hoteles que la compañía tenía cerrado.

La iniciativa, que al comienzo se desencadenó por un sentido meramente económico, rápido obtuvo otros cauces. «En un principio fue cuestión de números. Después, conforme se comenzó a entablar relación con las personas de distintas nacionalidades y a conocer sus historias, la situación dio un giro radical» —afirma Cristina Viera, portavoz de Mama África. En primera instancia se dispuso de uno de los hoteles, situado en Puerto Rico, una localidad ubicada en la costa del municipio de Mogán; en el sur de la isla de Gran Canaria. Más tarde se pusieron también a disposición de los migrantes los otros dos hoteles que la compañía tiene en la playa de Amadores, del mismo municipio.

Filantropía humanitaria

Pero la fundación no comenzó a idearse hasta que en el mes de febrero de este año finalizó el contrato con la Cruz Roja. Por aquel entonces los migrantes comenzaban a ser trasladados a campamentos como el de Las Raíces, en Tenerife, o el Canarias 50, en la isla de Gran Canaria. Salvo muchos otros que, bien por miedo o incertidumbre, creyendo que ir a estos campamentos se trataba de una deportación inmediata, decidieron abandonar voluntariamente el recurso. Lucock y Tove, que ya habían cerrado las puertas del hotel, comenzaron a ver que muchos migrantes estaban durmiendo en las calles del municipio de Mogán. «No podían dormir tranquilos sabiendo que había gente durmiendo en la calle mientras ellos tenían 500 camas de hotel vacías» —señala Viera.

En ese preciso momento se dieron cuenta de la necesidad de crear «una fundación, una asociación, algo humano». Comenzaron a preparar los papeles y a ponerse en contacto con las administraciones competentes para iniciar el procedimiento que diera paso al establecimiento de una fundación. Hoy, aunque toda la información necesaria se haya entregado desde el mes de mayo, la fundación sigue en proceso de constitución. No obstante, se ha continuado dando cobijo y alimento en el hotel a los migrantes en situación de calle, esta vez sin ningún tipo de ayuda económica externa.

Foto: Ana González
Clases de español | Foto: Ana González

A merced del trabajo social

Desde entonces ha comenzado un servicio de ayuda humanitaria que no solo se ha quedado en la comida y el cobijo. Un grupo de personas voluntarias ha participado activamente en el proyecto realizando funciones propias del trabajo social y de traducción e interpretación al árabe y francés. También se han gestionado trámites administrativos, realizado acompañamientos a consulados, comisarías, aeropuertos y al sistema de atención primaria. El hotel ha sido testigo, además, de la impartición de clases de idiomas, como español o inglés; o de diversas actividades físicas y deportivas, creativas y de autocuidado. Música, jardinería, agricultura, arte… Más de quinientas personas de hasta ocho nacionalidades diferentes han habitado juntas durante estos meses a merced de este grupo de voluntarios y su trabajo social.

Cristina Viera (Las Palmas de Gran Canaria, 1996) es graduada en Trabajo Social por la ULPGC y portavoz de «Mama África». Fue coordinadora del dispositivo de emergencia de atención humanitaria en el Hotel Vista Amadores de Mogán. Lo que se encontró durante esos meses, en los que comenzó trabajando para la Cruz Roja, fue la necesidad de adaptación a una situación inédita. «Lo primero era proporcionar comida porque muchos habían estado hacinados en el puerto durante muchas horas. Después los vas conociendo y te das cuenta de que algunos estaban huyendo de cosas muy malas. La situación fue muy dura: quería abarcar, quería escuchar y que se sintieran escuchados. También quería intentar transmitirles que había una solución para ellos» —relata con templanza.

Los migrantes que nunca llegaron

La contestación social no ayudó. Por aquel entonces se convocaron en el sur de Gran Canaria diversas manifestaciones cuya protesta se fundamenta en el alojamiento de los migrantes en complejos turísticos. Los manifestantes llegaron a acudir en masa a las puertas de los hoteles «con palos y machetes». Algo que los propios migrantes no entendían y por lo que preguntaban con asombro a trabajadoras como Viera, que se encontraba presente. «Nosotros les dábamos orden de no salir de las habitaciones, ni de asomarse al balcón. Y ellos no sabían lo que pasaba, preguntaban si iban a por ellos. Fue muy duro ver a la seguridad en la puerta defendiendo a los inmigrantes de los propios canarios».

Pero lo más duro que la trabajadora social se encontró durante aquellos meses tiene más que ver con la propia vida. O con su ausencia. «Personas que llegan y esperan a otros familiares en otras pateras que nunca aparecen. O si aparecen lo hacen con migrantes muertos. A ellos se les cae el mundo a los pies. No hay nombre ni número para todos esos migrantes que nunca llegaron. Nunca se dicen. Porque solo molestan cuando llegan. Cuando no llegan no existen» —tras su respuesta se hace el silencio.

Desde el balcón | Foto: Ana González
Desde el balcón | Foto: Ana González

Un futuro esperanzador

El logo de la Fundación Canaria Mama África, nombre oficial de la próxima ONG, es el sol africano: símbolo universal de la esperanza. Aunque a lo largo de este texto se han expuesto distintas acciones realizadas en el presente y en el pasado, la realidad es que también se mira con esperanza al futuro. «Tenemos un proyecto que es para aquellos jóvenes de entre 18 y 25 años que han sido tutelados y una vez cumplen la mayoría de edad quedan automáticamente fuera del sistema. Esos jóvenes, y niños, porque no dejan de ser niños, no tienen redes de apoyo ni medios económicos. No pueden llegar a un empleo, no tienen una buena base de idioma ni pueden acceder a una vivienda. Y están totalmente desamparados», relata Viera.

Han sido varios los medios de comunicación que se han interesado por conocer la historia del hotel que nunca cerró para los migrantes. Cabeceras como la de ‘El País’ o el ‘Canarias 7’ a nivel nacional pero también otros muchos medios internacionales. La BBC, Associated Press News, Euronews… la noticia ha dado la vuelta al mundo. Lo que despertó la curiosidad de otras personas como Paula Molares, una gallega que tras una visita al hotel tomó la decisión de grabar un documental. Este, cuyo nombre es «Puerto Calma», ha sido posible gracias al crowfunding y verá la luz en los próximos meses. Todo un final de ciclo para una historia de humanidad que debe ser contada pero que, principalmente, debe ser entendida.