Fuente: @antoniocrea13



 

Antonio García Villarán (Sevilla-1976) es un conocido influencer instalado en YouTube que ha fundamentado la mayor parte de su videografía en un concepto inventado por él mismo y desarrollado en su canal: el Hamparte.

Este concepto, descrito sucintamente en su Manifiesto Hamparte, se resume en su último punto, esto es, “el arte de no tener talento”. Sin embargo, aunque aparenta una solidez teórica seria, este concepto implica una serie de contradicciones y errores de forma graves que no pueden pasarse por alto o que, al menos, si ahondamos en él se desvela el profundo vacío que contienen sus premisas.

Hamparte termina por ser aquel cajón de sastre en el que Antonio García Villarán arroja todo aquello a lo que no es capaz de enfrentarse

Antonio García Villarán es Doctor en Bellas Artes, algo que no pasa desapercibido en cualquiera de sus vídeos. Rara es la vez que no hace gala de sus galas. Pese a ello, para él el Arte parece circunscribirse únicamente a la tradición pictórica. Obvia cualquier manifestación creativa que se valga de otros lenguajes artísticos para expresarse, a saber: cine, literatura, fotografía… La visión del mundo que nos ofrece es bastante pequeña y llena de prejuicios a los que asomarse solamente implica la burla o el descrédito sin ofrecer al espectador una mínima crítica de Teoría Estética en condiciones.

Hamparte termina por ser aquel cajón de sastre en el que Antonio García Villarán arroja todo aquello a lo que no es capaz de enfrentarse, pero ¿cómo va a enfrentarse a la producción artística de los demás si ni siquiera hace observaciones mínimas con su propia obra? Vayamos por partes.

HAMPARTE, EL TODO Y LA NADA

El término Hamparte surge de la unión de Hampa+Arte, un completo galimatías lingüístico que no tiene ni pies ni cabeza si intentamos darle un sentido verdaderamente filológico o etimológico. Así pues, y yendo al origen, Hampa es stricto sensu, aquel conjunto de personas que viven de forma marginal cometiendo acciones delictivas de manera habitual. Y, para no perdernos en disquisiciones muy hondas y muy antiguas, tomaremos la definición que George Dickie da sobre el Arte en El Círculo del Arte y que a la sazón es el sustento teórico del que se vale García Villarán, es decir: «Arte es aquel marco institucional que crea una relación entre artistas, obras de arte, sistemas del mundo del arte, y un público del mundo del arte, en donde la concepción del arte como una actividad humana permite, mediante las relaciones de sus partes, inferir una definición del concepto de “obra de arte” alejada de las definiciones basadas en las características que el ojo ve».

Tomando estas dos referencias podríamos llegar a la conclusión de que Hamparte es aquel conjunto de personas que cometen acciones delictivas de manera habitual al margen de la Institución del Arte (artistas y demás agentes, obras, sistemas, públicos…), algo así como el Joker de Jack Nicholson en el museo de Gotham.

Fotograma de la Película «Batman» (1982) de Tim Burton

Pero nada más lejos de la realidad, la definición de García Villarán dista mucho de parecerse a esto, o a cualquier otra cosa parecida a una definición per se. Más bien es un batiburrillo de ideas, aforismos, reflexiones y ocurrencias deslavazadas que no ofrecen realmente ningún sustento teórico subscrito a deducciones lógicas. Más bien, sus “hallazgos” son lanzados a un público que no entiende de Arte, pero que tampoco tiene interés por el mundo del Arte y cuya única motivación es encontrar argumentos para justificar su pobreza cultural innata.

UN MANIFIESTO CONTRA EL ARTE

Si aceptamos la mayor, al darle validez al concepto, pronto surgen serias contradicciones que son difíciles de salvar. Antonio García Villarán en el punto 3 y 7 de su manifiesto, y como adelantábamos antes, nos dice que el Hamparte es el arte de no tener talento, cosa que ya implica un “arte” en cualquiera de los casos. No obstante, se desprende de sus declaraciones, que el talento se obtiene a través del estudio y la experiencia que da la práctica artística. Por tanto, cabe esperar que el Hamparte sea una práctica en constante cambio y que no puede acarrear una tradición o sostenerse demasiado en el tiempo ya que ello implica una especialización en la práctica hampartística que nos conduciría al talento de no tener talento que, en cualquiera de los casos, otra vez, es talento.

La oculta razón que subyace detrás de todo esto no es una Revolución Hamparte, más bien es una pataleta reaccionaria ante nuevas formas de expresión artística que no se limitan al objeto artístico en sí, mucho menos a la pintura y su técnica. Es decir, estas nuevas practicas no solo atienden al objeto artístico sino a todo lo que le rodea, incluso a los “sujetos” circundantes.

Los criterios que García Villarán parece manejar son los criterios obsoletos del romanticismo a saber: el aura de la obra de arte y del artista, el genio o el valor de lo “original”. Algo que choca si atendemos a sus propias declaraciones: «debemos preguntarnos cuándo es arte y dónde es arte porque hay cosas que anteriormente no se han llamado arte pero sí se han considerado arte después». Así, el impresionismo en un inicio fue un término despectivo para designar aquella práctica artística que, según la Academia, no tenía talento -¿hamparte?- pero que el tiempo terminó por elevarla a uno de los movimientos artísticos más sugerentes.

Seguidamente dice: «El arte es atribuir valores espirituales a un objeto». ¿Acaso esta última sentencia no entra en contradicción con el punto 5 de su manifiesto: “La fantástica y mágica atribución de valores inexistentes a objetos que son comercializados en el mercado del arte con precios exorbitantes, es Hamparte”? Por definición el Arte ya es una mágica atribución de valores inexistentes a objetos materiales, toda dimensión simbólica que se pueda arrojar sobre una creación humana es abstracción y, en el peor de los casos, burda metafísica. Sustancialmente no hay una distinción real y material entre un grabado de Goya y un cubo de basura, salvo esos valores inexistentes que se aplican en un caso y no en el otro.

El tema de los grabados se muestra complejo si lo enfrentamos al primer punto de su manifiesto que parece centrar el conflicto en los objetos fabricados en serie (“Si uno o varios objetos fabricados en serie, y que además están a la venta en el mercado común son presentados como obra de arte, es Hamparte.») ¿Qué es entonces un grabado de Goya, Durero o Blake sino un objeto fabricado en serie y que están a la venta en el mercado común?

García Villarán no muestra una coherencia teórica a través de su propio trabajo

Sabemos que García Villarán trabaja la siguiente ecuación Arte=Cuadro pero no nos resistimos a plantear el siguiente ejemplo: el cine, 7º arte, presenta una obra que puede ser reproducida en serie y vendida en el mercado común, eso no resta valor a su contenido. El gran problema es que García Villarán no es capaz de advertir que la obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica (Walter Benjamin) se desprende de toda teoría aurática en la obra. No existe la idea de “original”, menos aún cuando se pretende romper precisamente con esa idea decimonónica. Lo mismo es el grabado nº 150 de una serie de 300, que el ejemplar en Blue-Ray nº 1500 de 20000 de Mulholland Drive o de Resacón en las Vegas.

El punto 4 del manifiesto también se tambalea en cuanto analizamos críticamente sus partes. En él se dice que “si el único valor que tiene la obra está sustentado fundamentalmente por un concienzudo texto teórico/filosófico/político que no encuentra su reflejo real en la obra, es Hamparte”. Sin embargo, cuando hacemos una aproximación al contenido de García Villarán en YouTube y vemos cualquiera de sus vídeos dedicados a la explicación doxográfica de su propia obra, encontramos una extensa redacción que justifica su pintura.

Hablando en términos concretos, nos centraremos en su colección de autorretratos hindúes. Para hacer la lectura que él hace de su propia obra necesitamos un código o información concreta sobre esa cultura que no resulta o no es evidente al ver el cuadro aislado de todo contexto. Él no pintó a Vishnú, se sublimó en Vishnú. Así, el público no tiene que tener necesariamente las referencias o el marco teórico que el artista ha vivido o del que se ha valido para realizar la obra. El contexto cultural al que se refiere con estas apropiaciones es especifico de Antonio García Villarán y también esto representa un marco teórico para su obra. Las herramientas que él propone no son necesarias para que el público utilice otra serie de recursos al contemplar el cuadro. No se basa en cuestiones técnicas (tipo de pigmentos, trazo, soporte…) sino en cuestiones explicativas para justificar su obra. García Villarán no muestra una coherencia teórica a través de su propio trabajo.

Autorretrato Vishnú. Fuente: https://tienda.antoniogarciavillaran.es

EST-HAMPARTE

En definitiva, la propuesta de Antonio García Villarán es complaciente en el sentido de que da a al público lo que quiere oír y no lo que necesita. Confunde en numerosas ocasiones el decir con el informar. Nos habla siempre desde el pedestal del “Doctor en Bellas Artes” pero hemos de recordar que no todo lo que dice tiene el rigor suficiente. Se apoya selectivamente en lo que otros dijeron para dar validez a sus comentarios de forma falaz. Esta forma de argumentar da por ciertas algunas premisas por el simple hecho de que alguien con supuesta autoridad en la materia lo ha dicho antes. Así pues, la raíz cuadrada de 2 no es irracional porque lo diga Euclides sino porque es matemáticamente demostrable. Del mismo modo el público de García Villarán da por ciertas premisas que no tienen validez alguna solamente porque lo ha dicho un videoblogger .

El Hamparte no es que no exista, es que no puede (o debe) existir

El concepto Hamparte es sólo válido en una dirección, con un eje claramente instalado en el pasado, lo que conlleva serios problemas al introducir el discurrir de la Historia en elementos que aún conforman nuestro presente. Si aplicamos este término en el sistema cultural actual observaríamos cómo incurre necesariamente en contradicciones fundamentales porque su definición nos da indicaciones confusas sobre el Arte, su origen y su sentido en el mundo actual.

Así pues, tratar el Hamparte como concepto revelador dentro de la teoría estética es profundamente contraproducente. No sólo porque su definición sea inconsistente o no tenga significación real ni utilidad crítica -algo de lo que García Villarán se vanagloria-; sino porque más que un concepto es una muletilla, o un gag. Lejos de ser una herramienta revolucionaria que desvela una oculta razón en la Historia del Arte, es un argumento fácil para congregar a todos aquellos, incluido Villarán, que no tienen una educación o gusto visual muy formado (punto crítico en la sociedad que vivimos hoy día). Y así, poder apoyarse en unos conceptos vacíos cuya única utilidad es la de generar una complicidad emocional entre el público y el atrofiamiento del pensamiento crítico de este influencer, que parece no haberle dedicado ni un minuto a la investigación o a la observación del estado de la cultura que acontece en el presente. El Hamparte no es que no exista, es que no puede (o debe) existir.

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Este artículo ha sido realizado en colaboración con Manuel Cerrato Quintero (Don Benito -Badajoz-, 1993), graduado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y Máster Propio en Desarrollos de Proyectos en la Escuela de Fotografía BlancPaper. Ha realizado exposiciones, participado en varias publicaciones como «Aire por aire. Homenaje a Santiago Castelo» y colaborado con la editorial Visor de Poesía.

8 pensamientos sobre “Dislogio a Antonio García Villarán

  1. Lo tuyo me parece un razonamiento forzado y demasiado teórico para desacreditar al 100% a Villarán, como si del conjunto de su mirada critica no se pudiera salvar nada. Está claro que formas parte del sistema, y haces lo propio de un cobarde que se dedica al arte que es defender lo establecido hoy en día en el mundillo, que básicamente se mueve por dinero, por el poder de los inversores en arte, por los que controlan los medios de comunicación y por la ignorancia y el esnobismo de buena parte del público.

    ¿Si no te gusta «hamparte», prefieres «mierdarte» o «timarte»?, porque si desciendes a la realidad, y te invito a que lo hagas, verás que hay gente que ha tenido el «arte» de tener éxito a pesar de ser absolutamente mediocre. Cuando digo «arte» lo pongo entre comillas, porque eso no es arte, no interpretes mi frase literalmente (como has hecho en tu escrito en varias ocasiones) ni te vayas por las ramas del arte conceptual, que se que eres suficientemente inteligente.

    Por tanto tus conclusiones son radicales y falaces.
    ¿Te parece que Yoko Ono es artista? Pues vas a tener que romperte los sesos para argumentar eso. Y le pagan un dineral, sale por los medios y la gente va a ver sus exposiciones. Por lo tanto el «mierdarte» o la palabra que más te guste para definirlo, existe, y está muy presente. No todo vale, no, hay un límite, aunque no esté claro y sea cambiante.

    El cuento de «el traje nuevo del emperador» sigue vigente, y en buena parte gracias a gente como tú que intenta desacreditar totalmente al díscolo.

    ¿Que te parece que Villarán tiene una visión demasiado limitada? Puede ser, no creo que haya que estar de acuerdo con él en todo, pero eso se argumenta aqui abajo, en la tierra (no en tu mundo de abstracciones) analizando obras y autores concretos.

    ¿Que crees que Villarán no tiene nada de razón?¿Ni un poco?. Pues creo que eres radical y obstinado, te recomiendo que veas sus videos, a poder ser con los oidos y la mente abierta, y a lo mejor se despierta en ti un nuevo pensamiento crítico distinto al que te han enseñado, aunque suponga tirar piedras sobre tu propio tejado (se que no lo harás).
    Un saludo

  2. Menos ramas que la cosa es muy sencilla. Arte, aceptemos pulpo, de muy poca calidad, que no dice nada a nadie por mucho que lo estiren con palabrería, que no mueve a nadie ni un milímetro porque es simple cual mata de habas, pero que sin embargo se vende por millones, habrá que explicar por qué razones. Eso es robar o engañar, y no necesariamente al que compra que ha menudo es parte del conchabeo. Eso es hamparte. Punto. Y no me digas que no existe, porque está el mundo del comercio del arte lleno de ello.

  3. Creo que es evidente que no has visto muchos vídeos de Antonio… te has quedado con cuatro ideas y te has dedicado a criticar sin un exhaustivo análisis. Antonio sí ve arte más allá de la pintura, solo tienes que ver muchos vídeos para escuchar críticas constructivas de música y películas… su manifiesto es claro y muy concreto… lo que lo hace clarificador. No obstante, además siempre deja una pregunta, en casi todos los videos, “yo pienso esto, ¿qué piensas tú?” ¿Hay algo más democrático y provocador que hacernos preguntas?…¿puede que ciertos “artistas” a veces nos quieran engañar? Creo que Garcia Villaran intenta que los espectadores tengamos criterios a la hora de evaluar una obra, ya que estoy de acuerdo con él, nos engañan, y si no nos educamos en el arte nos van a seguir engañando. Un hombre valiente por denunciar lo que nadie se ha atrevido, al menos desde dentro del gremio.

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