Una noche para soñar

Hoy es una noche para soñar. Y no, no es la noche de Reyes, es el día en que se celebraría Eurovisión. Sabemos que hoy no se ve a celebrar, que el festival de Eurovisión está cancelado, como tantas otras cosas, por el coronavirus. Pero hoy es una noche para soñar, porque siempre ha sido así, y porque eso no nos lo pueden quitar.

Mi memoria eurovisiva empieza, supongo que como la de casi toda la gente de mi edad, con el sexto puesto de Rosa en 2002. Una noche especial, sin duda, en la que todos soñamos con ganar, en la que estuvimos cerca y que, a muchos, nos animó a seguir viendo este festival. Pero ha habido muchas más noches para soñar.

Seguro que (casi) todos recordais el festival de 2014. Conchita Wurst, aquella austriaca que defendía la libertad de ser como uno es, ganó con una canción de lo más positiva, Rise like a Phoenix, que podeis escuchar aquí:

Pero eso no fue todo, tras ganar, utilizó la fama que le dio el concurso para dar a coocer la problemática social del colectivo LGTB, lo que también la llevó a ser la pregonera del Orgullo de Madrid de 2015.

 

Y, al año siguiente, la canción ganadora también nos llevó a soñar, Heroes, del sueco Måns Zelmerlöw, nos habla de que podemos ser lo que queramos llegar a ser, que podemos conseguir todo lo que soñábamos de pequeños.

En 2016, Eurovisión y jamala nos demostraron que, para construir un futuro mejor, lo primero que debemos hacer es no olvidar el pasado. esta canción, cargada de sufrimiento, nos invita a no dejar nunca que algo tan terrible se repita

En 2017, la ganadora fue una canción de amor, Amar pelos dois, que habla sobre un amor perdido y su búsqueda. Si bien no es una canción tan optimsita como las del 2014 y 2015, es una canción que, sin duda, llega al corazón.

En 2018, Netta Barzilai ganó Eurovisión con Toy. Y, aunque sabemos que fue una campaña para lavar la imágen de Israel frente a la comunidad internacional, es también cierto que es una canción optimista y reivindicativa, que te dice que no debes ser, nunca, el juguete de nadie.

Y llegamos a 2019. Arcade, de Duncan Laurence, se llevó último premio hasta la fecha. Una canción triste de amor, que, sin duda, te llega al corazón.

Este año no habrá canciones nuevas, no habrá votaciones, ni nervios por saber cómo queda España. Este año nos faltan muchas cosas, pero sin duda la ilusión no es una de ellas. Así que yo, al menos, voy a disfrutar de Eurovisión todo lo que pueda. Porque no hay nada que pueda acabar con esta noche.