Lucía Hernández

Graduada en Periodismo y Filología Hispánica. Zaragozana y zaragocista a partes iguales, me declaro amante del cine, la filosofía, el deporte, el ocio doméstico (peli y manta), el oxímoron, la RAE, la cebolla cruda y la literatura. El verano solo me gusta en "Las cuatro estaciones", de Vivaldi. ¿Mi debilidad? Un punto y coma bien usado. Con eso me conquista cualquiera.

Malaherba, de Jabois: lo puro y lo doloroso

A lo largo de este itinerario de mensajes implícitos y de distintas emociones en disputa, el lector asiste a lo mejor del libro: la peculiar historia entre Elvis y Tamburino. Iluminado por la ternura de estos dos personajes, que desarmarían hasta al más duro de los vaqueros, florece un amor infantil sin aditivos ni circunloquios que desnuda lo que puede haber de artificial o de impostado en una relación adulta hasta descubrir la amistad y el cariño más puros y absolutos.

La Tía Pilarín: costumbrismo familiar al servicio de la tierra

Para su diseño solo tuvo que mirar a su alrededor, aunque apenas hizo falta; lo que determinaría la naturaleza de la Tía Pilarín llevaba mucho tiempo exigiendo salir. Se lo sabía de memoria: “En el fondo no tuve que pensar de forma detenida su personalidad; surgió sola, porque siempre he convivido con esas mujeres que representan la pureza, la verdad, y es algo que ya forma parte de mí”.

Machado: Andaluz de sangre, soriano de vida

Su día a día en Baeza tenía mucho que envidiar al de Soria, donde sufrió las tres heridas abiertas por Miguel Hernández -la del amor, la de la muerte, la de la vida- y donde Machado se topó sin pretenderlo con esa unión, esa identidad, que todos anhelamos, entre nuestro paisaje interno y el externo.

Animales fantásticos 2: a lo Potter, pero sin él.

En la receta de su nuevo filtro de amor, la mejor escritora de literatura juvenil de todos los tiempos echa a su caldero todo lo que encuentra a mano para intentar enamorarnos otra vez: animales monstruosos, bebés intercambiados, artilugios sorprendentes, muggles (o no mags) encantados y un malvado a la altura. Pero el conjuro falla.

El Timple y su hamburguesa salvavidas

En una época en la que la globalización ha instaurado la dictadura de los McDonald’s y Burger King, en la que los dietistas inquisidores han emprendido su propia caza de brujas, el Timple sobrevive al calor de su parrilla, al compás del burbujeo de su freidora, renacido, preparado para atender el próximo pedido.

La maldad necesaria

Sobre este concepto reduccionista que fracciona el mundo entre “buenos” y “malos”, la ficción ha construido a uno de sus personajes prototípicos: el antagonista, un ser siempre trágico cuya mezquindad puede ser visible o hallarse soterrada, pero que nunca siente remordimientos por unas acciones que no entiende como punibles.

La España que no duele

España es un soneto de hechuras clásicas que anima a una joven a aprovechar su caduca juventud, las olas de la Jurado que rompen en el mismo mar donde desembocan los ríos de Manrique, un sonido de tacones lejanos a las puertas de la Sagrada Familia o la ronquera de un cantautor que añora al amor perdido.