Lucía Hernández

Graduada en Periodismo y Filología Hispánica. Zaragozana y zaragocista a partes iguales, me declaro amante del cine, la filosofía, el deporte, el ocio doméstico (peli y manta), el oxímoron, la RAE, la cebolla cruda y la literatura. El verano solo me gusta en "Las cuatro estaciones", de Vivaldi. ¿Mi debilidad? Un punto y coma bien usado. Con eso me conquista cualquiera.

¿Forever Young?

Nadie sabe cómo prepararse para decir adiós, pero la mayoría teme ese momento. Aunque hay quienes, influenciados por la religión, lo ven incluso como un regalo, como una oportunidad para reunirse con Dios y para reencontrarse con viejos familiares, la idea de dejar de existir, de abandonar un mundo que pase lo que pasé continuará girando, resulta devastadora. La longevidad acerca al hombre al abismo y se lo recuerda cada día.

Una comida en Arzak

En su menú de degustación, se transparenta la irrenunciable querencia de la firma por comunicar una realidad común y conocida, porque la de Arzak,a pesar de cargarse del ritmo de la alta cocina, es una poesía de la experiencia: el comensal la entiende y, por tanto, tiene donde reconocerse.

Malaherba, de Jabois: lo puro y lo doloroso

A lo largo de este itinerario de mensajes implícitos y de distintas emociones en disputa, el lector asiste a lo mejor del libro: la peculiar historia entre Elvis y Tamburino. Iluminado por la ternura de estos dos personajes, que desarmarían hasta al más duro de los vaqueros, florece un amor infantil sin aditivos ni circunloquios que desnuda lo que puede haber de artificial o de impostado en una relación adulta hasta descubrir la amistad y el cariño más puros y absolutos.

La Tía Pilarín: costumbrismo familiar al servicio de la tierra

Para su diseño solo tuvo que mirar a su alrededor, aunque apenas hizo falta; lo que determinaría la naturaleza de la Tía Pilarín llevaba mucho tiempo exigiendo salir. Se lo sabía de memoria: “En el fondo no tuve que pensar de forma detenida su personalidad; surgió sola, porque siempre he convivido con esas mujeres que representan la pureza, la verdad, y es algo que ya forma parte de mí”.

Machado: Andaluz de sangre, soriano de vida

Su día a día en Baeza tenía mucho que envidiar al de Soria, donde sufrió las tres heridas abiertas por Miguel Hernández -la del amor, la de la muerte, la de la vida- y donde Machado se topó sin pretenderlo con esa unión, esa identidad, que todos anhelamos, entre nuestro paisaje interno y el externo.