Lucía Hernández

Graduada en Periodismo y Filología Hispánica. Zaragozana y zaragocista a partes iguales, me declaro amante del cine, la filosofía, el deporte, el ocio doméstico (peli y manta), el oxímoron, la RAE, la cebolla cruda y la literatura. El verano solo me gusta en "Las cuatro estaciones", de Vivaldi. ¿Mi debilidad? Un punto y coma bien usado. Con eso me conquista cualquiera.

La maldad necesaria

Sobre este concepto reduccionista que fracciona el mundo entre “buenos” y “malos”, la ficción ha construido a uno de sus personajes prototípicos: el antagonista, un ser siempre trágico cuya mezquindad puede ser visible o hallarse soterrada, pero que nunca siente remordimientos por unas acciones que no entiende como punibles.

La España que no duele

España es un soneto de hechuras clásicas que anima a una joven a aprovechar su caduca juventud, las olas de la Jurado que rompen en el mismo mar donde desembocan los ríos de Manrique, un sonido de tacones lejanos a las puertas de la Sagrada Familia o la ronquera de un cantautor que añora al amor perdido.

Por qué Carlitos y Karina

Su especial relación, fraguada entre visillos, se manifiesta en lo lingüístico: cuando están juntos parece que hablaran un idioma propio que nadie más puede entender. Y en lo psíquico: se adivinan de memoria.

La vuelta al cole

En las antípodas de la superficialidad que tiñe el día a día de cualquier joven, más apegado a los placeres mundanos que a los celestiales, las enseñanzas del aula descubren ante sus ojos continentes sumergidos de conocimiento, que contribuyen a completar nuestra humana incompletud

Mamma Mía! Una y otra vez! o el recuerdo del ayer

La película gana enteros cuando se acepta a sí misma: se reconoce como el epílogo de una obra magna en lo suyo y, a partir de Dancing Queen, encadena una retahíla de secuencias que reconcilian al espectador con su yo más cursi y empalagoso; aquel que se deleita ante el fulgor de las lentejuelas, los besos a contraluz y las declaraciones furtivas.

El hombre tranquilo o la dignidad de los hombres

Sería injusto considerar la película como una simple reconstrucción del enfrentamiento siempre presente entre las sociedades más modernizadas y las más tradicionales, pues El hombre tranquilo es, ante todo, un canto a la solidaridad, a la amistad y, en definitiva, una reinterpretación de una cuestión inquebrantable en la obra de Ford: la dignidad de los humildes ante la adversidad.

Fariña de calidad (y gratuita)

A través del relato de una Galicia en coma, en la que un 23% de paro tentaba a sus habitantes a decantarse por los fáciles derroteros, el contrabando y el narcotráfico, la serie nos introduce en una atmósfera costumbrista y mafiosa, creada por medio de un excelente acabado formal que encuentra en la música –ay, Iván Ferreiro en la cabecera– y la fotografía sus máximos pilares.