Después de las elecciones francesas de la primavera pasada, el destino de la política europea dependerá de otra cita decisiva en las próximas semanas. A diferencia de la votación de abril, esta vez se trata de un giro inesperado: tras la crisis de gobierno de este verano, Italia está convocada a elecciones anticipadas. Según el calendario predefinido, los italianos tenían que elegir a sus representantes en la próxima primavera, cinco años después de la votación de 2018. Sin embargo, el gobierno presidido por Mario Draghi fue obligado a dimitir tras la ruptura de la coalición de unidad nacional que le respaldaba. Sin la posibilidad de formar otro gobierno, el Presidente de la República Sergio Mattarella no tuvo otra opción que disolver las Cámaras y convocar nuevas elecciones para el 25 de septiembre. En un escenario tan incierto, las consecuencias de las elecciones italianas podrían afectar a todo el continente.

Crónica de una crisis anunciada

Ya a principios del verano, las premisas no eran muy buenas para el primer ministro italiano. A finales de junio, durante la cumbre de la OTAN en Madrid, los periódicos publicaron una foto emblemática de Mario Draghi en el Prado. Sentado al margen, lejos de los demás líderes, el ex presidente del Banco Central Europeo hablaba por teléfono justo antes de volver precipitadamente a Roma. Las indiscreciones referían una crisis inminente en su gobierno, y efectivamente esta ocurrió pocos días después. Tomando como pretexto una medida para realizar una planta incineradora en Roma, el Movimiento 5 Estrellas decidió no apoyar una ley presentada por el gobierno. Draghi quiso entonces presentarse delante del Parlamento para saber si aún existían las condiciones para seguir su experiencia al frente del gobierno de unidad nacional. Pero en el Senado hubo sorpresas.

Después de pronunciar un discurso muy determinado sobre sus intenciones para los meses siguientes, Draghi fue inundado de críticas por parte de los senadores. No sólo el Movimiento 5 Estrellas le atacó afirmando que sus propuestas no habían sido escuchadas, sino también la Liga de Matteo Salvini fue muy dura con el primer ministro. Aún más sorprendentemente, Forza Italia – el partido de centroderecha de Silvio Berlusconi – se unió a las quejas, ofreciendo como única salida a Draghi la de cambiar su programa y su coalición para impartir un giro a la derecha al ejecutivo. Con una confianza confirmada únicamente por el Partido Democrático y los partidos menores, Draghi decidió entonces renunciar a su cargo. Sin posibilidad de formar un nuevo gobierno (el de Draghi ya era el tercero de la legislatura), el Presidente de la República disolvió las Cámaras y convocó nuevas elecciones para el próximo 25 de septiembre.

Las reglas del juego

Con el voto del 25-S, los italianos volverán a elegir a sus representantes en las dos ramas del Parlamento. De hecho, Italia es una república parlamentaria en la que existen dos Cámaras – la Cámara de los Diputados y el Senado de la República – con iguales poderes. Las diferencias entre las Cámaras conciernen a sus miembros: los senadores elegidos son la mitad de sus colegas diputados y su edad debe ser de 40 años o más. Además, en el Senado también hay cinco miembros de derecho, investidos por el Presidente de la República con un mandato vitalicio por sus méritos personales. Tras la reforma constitucional aprobada en 2020, el nuevo Parlamento tendrá menos miembros que los precedentes: los diputados serán 400, los senadores elegidos apenas 200. También por primera vez, todos los electores mayores de edad votarán para el Senado: antes, este derecho sólo pertenecía a los mayores de 25 años.

La ley electoral en vigor en Italia configura un sistema mixto, en el que un tercio de los representantes son elegidos en distritos uninominales y dos tercios en circunscripciones plurinominales. Esto significa que los partidos no solo tienen que obtener buenos resultados individuales (lo que les permite elegir más candidatos con el mecanismo proporcional), sino también formar coaliciones para ganar en los distritos uninominales. De hecho, en estos distritos solo accede al Parlamento el candidato con más votos recibidos, aunque no consiga la mayoría absoluta. Por esta razón, mucha parte del resultado electoral depende de las alianzas que se formen antes de las elecciones: cuanto más amplia la coalición electoral, más posibilidades de ganar la mayoría en el Parlamento. Y en vista de la votación del 25-S, una coalición parece haber aprendido esta lección mejor que la otra.

La reina de la derecha

El 25 de septiembre, los italianos tendrán que elegir entre propuestas muy distintas. Las encuestas prevén hasta ahora una ventaja considerable para la coalición de los partidos de derechas. El más relevante es sin duda Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Meloni. Fundado en 2012, el partido tiene sus raíces históricas en el neofascista Movimiento Social Italiano, del que también toma el símbolo. En Europa es aliado del polaco “Ley y Justicia” y del español Vox. De hecho, uno de los discursos más conocidos de Meloni es el que pronunció en Andalucía para apoyar la candidatura de Macarena Olona: “No a los lobbies LGTB” “Sí a la universalidad de la cruz” son algunos de los gritos que lanzó desde el escenario de Marbella. Ahora, favorita para convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo de primer ministro, Meloni está intentando presentarse como política confiable y moderada. 

Al lado de Meloni también estarán Forza Italia de Silvio Berlusconi y la Liga de Matteo Salvini. El primero llega de semanas bastante difíciles: tras la caída de Draghi, los miembros más moderados dejaron el partido, acusando a Berlusconi de haber perdido la lucidez. El líder ha rechazado estas críticas y, con sus 85 años, se ha descubierto joven otra vez expandiendo su campaña electoral a TikTok. Tampoco la Liga vive épocas de oro. Si hace tres años Salvini estaba experimentando resultados extraordinarios (34% en las europeas de 2019), su popularidad está disminuyendo sensiblemente en favor de Meloni. Para asegurarse al menos un puesto como ministro del Interior, Salvini está dedicando su campaña al tema de la inmigración. Con esto también espera esconder sus posiciones en política internacional, ya que la Liga tiene una alianza con el partido de Putin que tampoco se ha roto tras la invasión de Ucrania.

El caos del centro-izquierda

En el campo del centro-izquierda, las alianzas son mucho menos claras. Hasta la caída de Draghi, el secretario del Partido Democrático, Enrico Letta, estaba comprometido con la formación de una amplia alianza para hacer frente a la derecha. Ésta tenía que incluir los partidos a su izquierda, los centristas y el Movimiento 5 Estrellas. Sin embargo, cuando el M5E contribuyó a la derrota del gobierno, Letta abandonó a sus ex aliados, que ya no consideraba suficientemente confiables. Sus esfuerzos se concentraron entonces en los otros partidos alternativos a la derecha, desde la Alianza Verdes-Izquierda hasta los liberales de Azione. Cuando el acuerdo entre los partidos parecía alcanzado, el líder de Azione prefirió romper la alianza, que no consideraba suficientemente consistente para ganar. El centro-izquierda se ha dividido así en tres bloques, que se presentarán por separado a los electores.

El Partido Democrático, primer partido del campo progresista, ha confirmado su acuerdo con la Alianza Verdes-Izquierda. Además, harán parte de la coalición el pequeño partido del actual ministro de Exteriores Luigi Di Maio (Compromiso Cívico) y el partido europeísta Más Europa. Por otra parte, Azione se presentará en una lista conjunta con el partido del ex primer ministro Matteo Renzi, tratando de atraer al electorado liberal-moderado. Por último, el Movimiento 5 Estrellas irá solo, intentando recuperar los votos de los decepcionados de la izquierda. Delante de un panorama tan fragmentado, las encuestas atribuyen pocas posibilidades a cualquiera de los tres bloques de ser realmente competitivos con la derecha en los distritos uninominales. Sólo un resultado por encima de las expectativas en la cuota proporcional podría poner a la derecha en dificultades para formar un nuevo gobierno.

Qué esperar de las elecciones italianas

Si bien ningún resultado está escrito aún, el camino del centro-izquierda es mucho más empinado que el de la derecha. Mientras Letta y sus colegas discutían sobre alianzas posibles e imposibles, Meloni y los suyos ya empezaban a imaginarse nombres para los cargos de gobierno. Sin embargo, un elemento podría cambiar el equilibrio entre las fuerzas: los electores que todavía no han decidido si votar representan el 35% del total. Convencer a estos electores podría ser determinante para invertir la tendencia o afirmarse con números aún más importantes de las previsiones. Este último caso sería muy apreciado por el bloque de derechas, que al conquistar los dos tercios de los escaños parlamentarios podría cambiar la Constitución sin pasar por un referéndum popular. Y Meloni nunca ha ocultado su deseo de superar el parlamentarismo para establecer un sistema presidencialista en Italia. 

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